Las palabras del abad de Montserrat «no reflejan en absoluto la posición de la Santa Sede». Con estas palabras, publicadas en un comunicado de la Conferencia Episcopal española, la Nunciatura apostólica de Madrid niega las afirmaciones del abad benedictino de Montserrat, Dom Josep Maria Soler, que hace algunos días había declarado públicamente que la Santa Sede estaría dispuesta a reconocer la independencia de Cataluña.
Hace tres semanas, el abad defendió la «doctrina social de la Iglesia, que reconoce a Cataluña el derecho de reivindicar todo aquello que comporta el hecho de ser una nación y también el nivel de decidir cual ha de ser su futuro y de qué manera se tiene que relacionar con los otros pueblos de España y de Europa». Soler, después de haber confirmado que participará con su voto en el caso de que haya un referéndum, añadió que, si Cataluña lograra su independencia «me imagino que el Vaticano establecería relaciones diplomáticas con este nuevo Estado, como lo ha hecho con todos los nuevos estados que se han ido creando. Eso sería lo más normal».
El pasado 23 de enero, el abad de Montserrat volvió a hablar sobre el argumento, pero esta vez se refirió directamente al Papa. Durante una conferencia en el Borne Centro Cultural de Barcelona, Soler lamentó la actitud de la Conferencia Episcopale española, que, a su modo de ver, nunca ha comprendido la realidad catalana.
Llegó a decir que Papa Francisco está al corriente del proyecto independentista de los catalanes y aseguró que una Cataluña independiente no tendría problemas para obtener el reconocimiento del Vaticano. Si naciera este eventual estado, la Iglesia católica se articularía, subrayó, en la Conferencia Episcopal tarragonense.
Las declaraciones de hace tres semanas no provocaron ninguna reacción. Pero frente a las palabras que pronunció el abad de Montserrat el 23 de enero (implicando directamente al Papa, criticando a la Conferencia Episcopal española y dando por cierto el reconocimiento de la Santa Sede al eventual estado independiente), la Secretaría de Estado decidió tomar cartas en el asunto.
«Ante las declaraciones efectuadas el día 23 de enero de 2014 por el Abad de Montserrat, Dom Josep Maria Soler, y difundidas por los medios de comunicación, sobre que "un eventual estado catalán sería reconocido por el Vaticano", esta Nunciatura Apostólica en España quiere precisar públicamente que las mencionadas declaraciones del Abad son opiniones de su exclusiva responsabilidad personal y no reflejan en absoluto la posición de la Santa Sede».
Más que indicar que el Vaticano nunca reconocerá en el futuro el eventual nacimiento de un estado independiente catalán, las palabras del comunicado de la Nunciatura parecen querer marcar distancias ante la opinión de todos los que dan por cierto el reconocimiento, presentándolo, además, como argumento a favor de la causa independentista.
El reconocimiento por parte de la Santa Sede de la independencia de Croacia y Eslovenia había sucitado, en su momento, juicios muy polémicos el 13 de enero de 1992. Cuando a nivel diplomático el fin de Yugoslavia parecía irreversible, el Vaticano había animado a los países miembros de la CSCE (Conferencia para la Seguridad y la Cooperación Europea) al reconocimiento de la independencia de Croacia y Eslovenia, «que representa las legítimas aspiraciones democráticamente expresadas», pero respetando los principios del Acta Final de Helsinki de 1975: defensa de los derechos humanos, de las minorías nacionales y la inviolabilidad de las fronteras. Estas condiciones debían ser verificadas por el Comité para los Altos Funcionarios de la CSCE. Eslovenia y Croacia aceptaron todo lo que pedía la Santa Sede.
Vale la pena recordar que la decisión vaticana fue posterior a la noticia del reconocimiento de los dos nuevos estados por parte de la CEE (anunciado el 16 de diciembre de 1991 y que se hizo oficial el 15 de enero del año siguiente) y, sobre todo, al reconocimiento unilateral de la independencia de los dos países por parte de Alemania (23 de diciembre de 1991). En el comunicado del 13 de enero, a propósito del reconocimiento de la independencia de Croacia y Eslovenia, la Santa Sede indicó que el mismo no tenía «ningún carácter de gesto hostil para con Yugoslavia», y que el pro-nuncio apostólico de Belgrado, monseñor Garbiel Montalvo, habría continuado «su misión como representante pontificio en Yugoslavia».
por Andrés Tornielli