El diálogo teológico entre católicos y ortodoxos que comenzó para caminar hacia la plena comunión sacramental está en riesgo de empantanarse para siempre. Y la responsabilidad de un naufragio semejante se debería, en gran parte, a las divisiones entre ortodoxos y a los sectores influyentes de la Ortodoxia (en primer lugar el Patriarcado de Moscú) que no quieren reconocer de ninguna forma la realidad de un primado universal en la Iglesia, fundado en una tradición canónica y eclesial compartida. Quien indicó la situación alarmante fue nada menos que el Metropolitano de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, que fue miembro del Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, co-presidente de la Comisión internacional del diálogo teológico entre la Iglesia católica y la ortodoxa.
Zizioulas, considerado por muchos el mayor teólogo cristiano con vida (su “eclesiología eucarística” es apreciada tanto por Papa Francisco como por su predecesor Benedicto XVI), confía en el inminente encuentro entre el actual Obispo de Roma y el Patriarca ecuménico Bartolomeo en Jerusalén, que se llevará a cabo en mayo. Según su opinión, la unidad entre los cristianos es mucho más que una alianza entre aparatos eclesiales para hacer un frente común sobre cuestiones éticas y sexuales.
Mientras tanto, en la Europa oriental, la dirección que ha tomado la crisis ucraniana pone nuevamente en discusión el control ejercido por el Patriarcado de Moscú en gran parte de las parroquias ortodoxas del país.
La cita en Jerusalén entre el Papa y el Patriarca ecuménico se acerca. ¿Qué hay que esperar de este encuentro?
Será un hecho muy importante. Se pretende conmemorar el encuentro de hace cincuenta años ente Pablo VI y Atenágoras, el primer encuentro entre un Papa y un Patriarca desde los tiempos de la división. El abrazo entre ellos encendió la esperanza de llegar a la unidad entre católicos y ortodoxos. Esto todavía no se ha verificado. Pero es importante demostrar al mundo que siguen caminando con paciencia y tenacidad hacia la unidad. Estamos en camino. No nos hemos detenido. Por ello, el próximo encuentro entre Francisco y Bartolomeo en Jerusalén no será solo un acto conmemorativo, que dirige la mirada hacia el pasado. Representa también una puerta abierta hacia el futuro.
¿A un año de su elección, que impresión tienen los fieles ortodoxos y los líderes de las Iglesias de Oriente sobre Papa Francisco?
Papa Franciso nos sorprendió a todos de forma positiva. Por su estilo, por su temperamento, su humildad y también porque ejerce su actividad papal con un perfil que puede favorecer el acercamiento con las Iglesias ortodoxas. Los ortodoxos siempre han considerado al Papa esencialmente como obispo de Roma. Y Papa Francisco alude a menudo a este título suyo como aquello que le permite ejercer su ministerio. En el pasado, el Papa era considerado por los ortodoxos como una figura que se subía a un pedestal, y el Papado era percibido por ellos como un imperialismo eclesiástico. Pensaban que el Papa quería someterlos y ejercer la jurisdicción sobre ellos. Ahora hay muchos signos que indican una dirección diferente. Por ejemplo, el Papa ha insistido en varias ocasiones en que, con respecto a la sinodalidad y a la naturaleza de la Iglesia, es necesario aprender de los ortodoxos.
¿Están relacionados con este aspecto la creación del consejo de los 8 cardenales y el nuevo dinamismo que se ha dado al Sínodo de los obispos católicos?
Sí, son decisiones importantes. Hay algunos que malinterpretan la sinodalidad y la presentan como una aplicación de métodos políticos mundanos a la vida de la Iglesia. Pero la forma correcta de concebir la sinodalidad se ha aclarado justamente gracias al diálogo teológico entre la Iglesia católica y la ortodoxa. En el documento de Ravenna de 2007 reconocimos que el primado es necesario y que está firmemente fundado en la tradición canónica de la iglesia. No es solo un elemento “organizativo” humano. Pero siempre debe ser comprendido y ejercido en el contexto de la sinodalidad. Allí también suscribimos que en la Iglesia siempre hay un Sínodo, y que en el Sínodo siempre hay un “protos”, o un primer o primado. Todo esto no representa una penetración en la Iglesia del pensamiento secular sobre la democracia o sobre la monarquía. Se trta solo de teología. Deriva de nuestra fe en la Santa Trinidad. En la Tradición de la Iglesia, desde el inicio, hay cánones que dicen esto: que en la Iglesia nunca hay un Primus sin el Sínodo, y nunca hay un Sínodo sin el Primus. La armonía entre el Primus y el Sínodo es un don del Espíritu Santo. Esta es nuestra eclesiología, desde el inicio.
por Gianni Valente