En una comunidad cristiana la división es uno de los pecados más graves, porque es una señal de que no es obra de Dios sino del diablo”. El Papa Francisco ha dedicado su catequesis del miércoles a la necesidad de “unidad” en la Iglesia y en las comunidades cristianas, con un fuerte reclamo a evitar “divisiones”, alimentadas también por “habladurías, envidias, celos”.
Después de la pausa de julio y después de las primeras dos audiencias generales de agosto en el Aula de Paolo VI, el encuentro semanal con los fieles de papa Francisco ha vuelto hoy a la plaza de San Pedro. Estaban presentes unas 12 mil personas. Francisco ha llegado con el 'papamóvil' descubierto para dar una vuelta entre la multitud que lo vitoreaba. Nada más llegar al Arco de las Campanas, ha pedido que pararan el jeep para bajar a saludar un niño enfermo. Después, se ha parado para besar y acariciar a otros niños.
“La primera confirmación nos la da el hecho de que Jesús ha rezado tanto por la unidad de los discípulos –ha subrayado-- En el rezo durante la Última Cena, Jesús ha pedido: “Padre, que sean todos uno”. Ha rezado por la unidad. Es en la inminencia de la Pasión, cuando estaba a punto de ofrecer su vida por nosotros. Es a lo que estamos invitados continuamente, a leer de nuevo y meditar, en una de las páginas más intensas y conmoventes del Evangelio de Juan, el capítulo diecisiete. Como es bello saber que el Señor, justo antes de morir, no se ha preocupado por sí mismo, sino que ha pensado a nosotros”.
“La experiencia –ha puesto en evidencia Francisco-- nos dice que son muchos los pecados contra la unidad de la Iglesia: no pensamos solo a los cismas, pensemos también a faltas muy comunes en nuestras comunidades, a pecados 'parroquiales'”, ha afirmado durante la audiencia general. “A veces nuestras parroquias –ha continuado-- llamadas a ser lugares para compartir, quedan tristemente marcadas por la envidia, los celos, las antipatías. Las habladurías están a la mano de todos –ha denunciado-- ¡cuánto se habla mal de otros en las parroquias'”. “¿Es algo bueno o no? --ha preguntado a los fieles-- Y si uno viene electo presidente en una asociación se habla mal de él. Si la otra viene elegida presidente de la catequesis se habla mal de ella: pero esta no es la Iglesia, no se debe hacer”, ha añadido, aplaudido por la multitud. “No os pido que os cortéis la lengua, esto no –ha dicho el Papa-- pero pedir al Señor la gracia de no hacerlo: esto es humano pero no es cristiano, esto sucede cuando ponemos nuestra vista en los próximos puestos, cuando apostamos por el éxito personal y juzgamos a los demás, cuando vemos los defectos de los hermanos en lugar de sus méritos, cuando vemos lo que nos divide en lugar de lo que nos une”.
“Si vemos la historia de la Iglesia, ¡cuántas divisiones entre nosotros los cristianos!, ha exclamado el Papa. “También ahora estamos divididos –ha añadido--. En la historia, como cristianos, hemos hecho la guerra entre nosotros por divisiones teológicas: pensemos a la de los 30 años. Pero esto no es cristiano”. “Estamos divididos también ahora: debemos pedir la unidad de todos los cristianos, la que Jesús quiere, porque ha rezado para esto”, es el apelo del Pontífice.
“Una vez, en la diócesis que tenía antes, he escuchado un comentario interesante y bonito”, ha contado de nuevo Papa Bergoglio: “Se hablaba de una anciana que toda la vida había trabajado en la parroquia. Una persona que la conocía bien ha dicho: “esta mujer nunca ha hablado mal de nadie, nunca ha hecho caso a habladurías, siempre tenía una sonrisa”. Una mujer así puede ser canonizada mañana, es un ejemplo bonito”.
“Frente a todo esto – ha pedido Francisco-- debemos hacer seriamente un examen de conciencia. La división en una comunidad cristiana, ya sea en una escuela, una parroquia, una asociación, sea donde sea, es un pecado gravísimo porque es obra del diablo. Dios, sin embargo, quiere que crezcamos con la capacidad de acoger, de perdonarnos y de querernos para parecernos cada vez más a Él, que está en comunión y amor. En esto reside la santidad de la Iglesia: en el reconocerse imagen de Dios, enriquecida por su misericordia y su gracia”.
“Queridos amigos –ha concluido el Papa su catequesis-- hagamos resonar en nuestro corazón estas palabras de Jesús: 'beatos los que llevan la paz al mundo porque serán llamados hijos de Dios'. Pidamos sinceramente perdón por todas las veces en las que hemos sido ocasión de división e incomprensión dentro de nuestra comunidad, sabiendo bien que no se llega a la comunión si no es a través de una continua conversión. ¿Y qué es la conversión? Pero, Señor, dame la gracia de no hablar mal de nadie, de no criticar, de no charlar, de querer a todos. Es una gracia que el Señor nos da. Esto es convertir el corazón, ¿no? Y pidamos que el tejido diario de nuestras relaciones pueda convertirse en un reflejo cada vez más bonito y alegre de la relación entre Jesús y el Padre”.