Además de la «competencia académica, al exégeta católico se le pide sobre todo la fe, recibida y compartida con todo el pueblo creyente que, en su totalidad no puede equivocarse».
Fue lo que dijo Papa Francisco hoy por la mañana al recibir a los miembros de la Asociación Bíblica Italiana, como conclusión de la 43° Semana Bíblica Nacional, que se llevó a cabo en Roma del 8 al 12 de septiembre en el Pontificio Instituto Bíblico. Un encuentro que ha inaugurado las celebraciones del cincuenta aniversario de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Divina Revelación ''Dei Verbum'', promulgada el 18 de noviembre de 1965. ''Para que la fe responda y no se extinga, se debe nutrir constantemente de la Palabra de Dios'' ha dicho el Papa expresando su estima y su reconocimiento por el ''precioso trabajo'' que la Asociación lleva a cabo en su ministerio de docentes y estudiosos de la Biblia. AL final de aquel documento, «hay una expresión muy eficaz –recordó Bergoglio–: la exégesis católica no tiene el derecho de parecerse a un curso de agua que se pierde en las arenas de un análisis hipercrítico».
«Dios –continuó– ha aprovechado todas las formas del lenguaje humano, pero al mismo tiempo ha sometido su palabra a todas las limitaciones de este lenguaje. El verdadero respeto inspirado por la Escritura exige que se realicen todos los esfuerzos necesarios para que se pueda acoger bien su significado», ya que no es posible para cualquier cristiano llevar a cabo personalmente la investigación de todo tipo que le permita entender mejor los textos bíblicos.
«Además de competencia académica -ha continuado- al exégeta católico se le pide sobre todo fe, recibida y compartida con todo el pueblo creyente». Francisco ha hecho suyas de nuevo las palabras de san Juan Pablo II. «Para llegar a una interpretación plenamente válida de las palabras inspiradas por el Espíritu Santo, hay que dejarse guiar por él y para esto hay que rezar, rezar mucho, pedir en la oración la luz interior del Espíritu y acoger dócilmente esta luz, pedir el amor, que nos hace capaces de comprender el lenguaje de Dios, que es amor». Antes de finalizar y dar su bendición a los presentes, el Pontífice ha señalado la figura de la Virgen, «que nos enseña a acoger plenamente la Palabra de Dios, no solo a través de la investigación intelectual, sino durante toda nuestra vida».