No solo los anticonceptivos, las segundas nupcias, la sexualidad… Los padres sinodales podrían reflexionar sobre la manera en la que las familias católicas aplican seriamente las enseñanzas sociales de la Iglesia «en sus decisiones sobre qué comprar o no comprar, cuánto dinero gastar, cuánto tiempo dedicar al servicio a los pobres (en lugar del deporte, la música, la danza, el entretenimiento)». Mujer, esposa, madre de tres niños, teóloga estadounidense, Julie Hanlon Rubio es profesora de Ética cristiana en la Saint Louis University y también escribió un libro sobre las decisiones cotidianas que una familia cristiana debe tomar cada día. El libro se llama “Family Ethics” (publicado por la Georgetown University Press). En vista del Sínodo extraordinario sobre la familia que comienza el próxio lunes, se dice «con esperanza, pero realista». No espera ninguna revolución magisterial. Pero está consciente de que la familia, lugar de amores y dolores («La vida familiar es compleja»), debe ser sostenida y acompañada por la Iglesia. Incluso porque, «si las familias se sienten apoyadas por la Iglesia, podrían estar más dispuestas a recibir sus desafíos».
La cuestión sobre la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar «parece ser central en el Sínodo», responde Rubio. «El cardenal Kasper argumentó a favor de la misericordia. En el libro “Evangelio de la familia”, afirma que en la Iglesia primitiva era común “una práctica de tolerancia pastoral, clemencia y paciencia después de un periodo de penitencia”. Otros cardenales lo están desafiando públicamente. Muchos consideran que la postura de Kasper es bien vista por el Papa. Claro, la misericordia es central en la enseñanza de Papa Francisco (“Evangelii gaudium”, 44). La idea de Papa Francisco de que Dios trabaja en cada uno de nosotros, “más allá de sus defectos y de sus caídas” sugiere que tal vez deberíamos preservar la idea de la eucaristía, pero también dejar espacios a la imperfección».
-Como mujer, como esposa, como madre y teóloga, ¿qué espera de los dos Sínodos sobre la familia desde el punto de vista del método y del mérito? ¿Cómo podría ser la Iglesia después de 2015?
Como muchos en los Estados Unidos, tengo esperanza, pero soy realista. No me espero que las enseñanzas morales de la Iglesia cambien. Espero tres cosas. Primera: una mejor forma de hablar sobre el matrimonio. Laicos, teólogos casados en todo el mundo han escrito magníficamente sobre el matrimonio y sobre la vida familiar. Mientras las enseñanzas oficiales católicas sobre el matrimonio pueden a menudo parecer muy abstractas, los teólogos casados son capaces de apreciar las alegrías y las luchas del matrimonio como una realidad vivida. Es importante que comuniquen qué es díficil en las relaciones con otra persona durante toda la vida. El matrimonio ya no es tan obvio. Se necesitan argumentos a favor. Los que lo viven deben hablar teológicamente sobre sus experiencias. Segunda: un cuidado pastoral mejor para las familias. Las familias católicas son dispares (por ejemplo, parientes solteros, divorciados, parejas mixtas, divorciados que se han vuelto a casar, homosexuales…). Las parroquias deberían ser capaces de encontrar vías para dar la bienvenida a todas las familias, respetando sus puntos de fuerza. La enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia puede ser una fuente de culpa y de ajenación. El cuidado pastoral, en cambio, debería invitar a la gente a ver a Dios en la cotidianeidad de la propia casa. Tercera: un mayor énfasis en la doctrina social católica y la damilia. Aunque la mayor parte de las personas relacione la teología católica sobre la familia con la ética sexual, nuestra teología se interesa también por la ética social. Papa Francisco ha llamado a los cristianos (en particular a los que llevan una vida religiosa) a sacrificarse por el bien de los pobres y de los vulnerables. Pe gustaría mucho que el Sínodo llamara a las familias que tienen los medios a que examinen sus estilos de vida y a que hagan mayores sacrificios. Necesitamos insistir más en el vínculo entre la familia y la justicia social.
-Muchos católicos no comprenden y no aceptan la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad (por ejemplo, sobre los anticonceptivos), la moral o la familia. ¿Cómo afrontar esta cuestión: renunciando? ¿Comunicando y explicando mejor? ¿Cambiando las reglas?
Papa Francisco subraya que la Iglesia no debería comenzar por lo más difícil de la fe, sino que, en cambio, debería dar la prioridad al corazón de la tradición: el discipulado. Obviamente, una mejor comunicación es importante. Así como escuchar a las familias para poder tomar en consideración actitudes apropiadas. Sin embargo, la Iglesia podría hacer un “buen negocio” simplemente hablando menos sobre las enseñanzas más controvertidas y concentrando la propia atención sobre el valor duradero del matrimonio. Por ejemplo, en muchas parroquias los únicos programas para la familia son cursos o conferencias de educación religiosa, preparación sacramental, y planificación familiar natural. Me gustaría ver mayor espacio para las parejas casadas, para que hablaran de matrimonio y paternidad. Hay mucho espacio para el testimonio, el apoyo y la colaboración.
-Usted escribió el libro “Family Ethics”, en el que explica que las «decisiones morales ordinarias» (en cuanto al sexo, el dinero, la comida, la espiritualidad y el servicio) son «complicadas, influyentes y merecen atención». ¿Qué recomendaría a los padres sinodales?
Es importante reconocer todas las decisiones morales que la gente toma en la propia vida familiar. Las cuestiones sexuales no son las únicas cuestiones morales. Incluso en la ética sexual, los anticonceptivos son solo un aspecto. En realidad, hay muchas formas en las que las parejas casadas pueden hacerse daño recíprocamente o fracasar en el amor. Si las familias se sienten apoyadas por la Iglesia (como indiqué en las respuestas anteriores), podrían estar más dispuestas a aceptar los desafíos de la Iglesia. Papa Francisco escribe «Cada cristiano y cada comunidad son llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y la promoción de los pobres, para que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y que escuchemos el grito del pobre y socorrerlo” (“Evangelii gaudium”, 187). ¿No podrían los padres sinodales tomar en serio este desafío en las decisiones de las familias sobre qué comprar o no comprar, cuánto dinero gastar, cuánto tiempo dedicar al servicio a los pobres (en lugar del deporte, la música, la danza, el entretenimiento)?
-Aunque la familia sea, en el magisterio, una Iglesia doméstica, la Biblia está llena de ejemplos de violencia, de traiciones, abandonos… ¿Qué significa desde un punto de vista teológico? ¿Cuál es la indicación pastoral para nuestra época?
Hay historias de varios tipos de familia en la Biblia, además de las enseñanzas sobre lo que es ideal. Creo que podemos deducir de ello la idea de que la familia puede ser un lugar tanto de gran amor y bondad como de maldad y dolor. Esto es tan cierto hoy como lo era en los tiempos bíblicos. Es importante no ignorar todas las formas en las que las personas en las familias se hacen daño (por ejemplo abusos físicos, violencia sexual, infidelidad) o que fracasan al amarse recíprocamente. La vida en familia es compleja. Decir que la familia es una Iglesia doméstica no significa que sea perfecta, sino solamente que debe aspirar a un fin más elevado, que va más allá de sus necesidades. Como la Iglesia en su conjunto, las familias (imperfectas y santas como son) deben servir a Dios en el mundo.
Entrevista por Iacopo Scaramuzzi