Hand in Hand (mano a mano) es un centro israelí que promueve la convivencia pacífica entre árabes y judíos en Israel, trabajando sobre todo con las generaciones más jóvenes, a las que propone un modelo de educación bilingüe. En sus escuelas, abiertas en distintas localidades de Israel, los estudiantes estudian lo mismo el árabe que el hebreo y aprenden a escucharse recíprocamente.
En un momento tan importante como el actual, en el que las posiciones de los políticos israelíes y palestinos se han radicalizado exacerbando a buena parte de sus respectivas opiniones públicas, la propuesta de Hand in Hand no cuenta con el apoyo de todos. Durante la tarde del pasado sábado, 29 de noviembre, alguno de sus opositores decidió manifestar su rechazo de forma violenta, colocando en su punto de mira la escuela Max Rayne que el centro dirige en Jerusalén a beneficio de más de 600 estudiantes (desde parvulario hasta bachillerato), provocando un incendio en dos de sus aulas, así como pintadas racistas contra los árabes en algunas paredes.
Los bomberos acudieron rápidamente y las llamas no se propagaron, aunque los daños más importantes son los morales. Desde esa misma tarde y durante todo el día siguiente, amigos y simpatizantes se han movilizado para mostrar su solidaridad.
Durante todo el domingo –que es día laborable en Israel-, delegaciones de asociaciones, ciudadanos, religiosos y representantes de instituciones han manifestado su apoyo a la escuela Max Rayne. Acudieron también algunos ministros– Shai Piron (Educación), Uri Ariel (Vivienda), Tzipi Livni (Justicia) – y parlamentarios. Hay que tener en cuenta que en Israel ha empezado ya la campaña electoral y que, por tanto, los políticos buscan visibilidad, aunque se va extendiendo cada vez más la conciencia de que las escuelas, y más algunas, deberían respetarse como santuarios inviolables. Al menos, es lo que parece desprenderse de las palabras del alcalde de Jerusalén Nir Barkat, uno de los primeros en llegar al lugar de los hechos el domingo. La municipalidad ha ofrecida ayuda concreta, poniendo a disposición de la escuela sus técnicos para reparar los daños.
La escuela ha recibido también la visita del embajador estadounidense, Dan Shapiro, y del cónsul, Michael Ratney. También el pueblo de Nevé Shalom –Wahat as Salam-, experiencia piloto de convivencia entre árabes y judíos ideada en 1947, en Israel, por el padre dominico Bruno Hussar- ha enviado una delegación para testimoniar su voluntad de seguir esforzándose en el diálogo.
Los estudiantes de Max Rayne han disfrutado especialmente de la visita de los jugadores del equipo de fútbol Hapoel Katamon, que eligieron pasar con ellos el tiempo lectivo dedicado a la educación física.
El 3 de diciembre, los alumnos de las primeras clases elementales, precisamente los que utilizan las aulas incendiadas, fueron recibidos por el jefe de Estado, Reuven Rivlin, que desde los primeros días de su mandato, iniciado el 24 de julio pasado, lucha por la convivencia entre árabes y judíos dentro de Israel.
La campaña vandálica de las pintadas racistas (denominada por los mismos autores Tag Mehir, «el precio a pagar») dura ya algunos años y tiene como objetivos edificios religiosos y públicos –cristianos, judíos y musulmanes- además de propiedades de ciudadanos árabes o instituciones consideradas cercanas a sus intereses (la misma escuela Max Rayne fue objeto de sus ataques en otras tres ocasiones).
Después de cada ataque, las autoridades expresan su condena y la policía inicia investigaciones, pero no se puede hablar de «tolerancia cero» a este respecto. Hace algunos días, en el periódico Haaretz, la periodista Ilene Prusher –que es además madre de uno de los estudiantes de la escuela atacada- observaba que los medios que el Estado utiliza para proteger a los colonos israelíes que van a vivir a los Territorios Palestinos ocupados son muy distintos.
El 30 de noviembre Prusher escribía: «Alguien no quería que mi hijo fuese hoy a la escuela. Alguien prefiera que mi hijo se quede en casa, en vez de ser un judío que está en clase con árabes. Alguien –o mejor dicho, algún grupo- detesta profundamente la idea de la coexistencia entre israelíes y palestinos, hasta el punto de incendiar las aulas, convirtiendo en cenizas los deberes de los niños, sus libros y juegos; destruyendo lo que es la segunda casa de estos niños y el sentido de seguridad de sus padres en cuanto al lugar al que llevan a sus hijos todos los días [...]. Como el resto de padres de los más de 600 alumnos que acuden a la escuela Max Rayne de Hand in Hand, inscribimos a nuestros hijos con la esperanza de que formaran parte de una nueva generación de jóvenes para los que la convivencia entre árabes y judíos sea una especie de segunda naturaleza. Sin embargo, por lo que parece, hay quien quiere que mis hijos y yo vivamos en el terror y en el odio».
Para los que piensan así, concluye Prusher, la respuesta la da una pancarta que hace tiempo los alumnos de Max Rayne colgaron en la escuela, y que fue adoptada como lema de una campaña internacional en las redes sociales y dice: «Judíos y árabes rechazan ser enemigos».