La figura de Flannery O’Connor no resulta muy conocida en el ámbito hispanoamericano aunque algunas de sus obras han empezado a ser ya traducidas al castellano. En Estados Unidos, sin embargo, es considerada una de las más importantes escritoras del siglo XX y el estudio de su vida y obra se encuentra en auge. Hay quien la compara a James Joyce, y también a Poe o a Kafka, e incluso a Dostoiesky. Una importante colección que incluye a los más destacados pensadores y literatos de los Estados Unidos incluye a Flannery O’Connor, al lado de escritores como Mark Twain y William Faulkner. Por otro lado, el estudio de sus obras es frecuente en muchas universidades y colegios norteamericanos.
Hay dos circunstancias que llaman particularmente la atención en torno a Flannery O’Connor: Por un lado, su corta vida. Flannery vivió tan solo 39 años, y la última etapa de su existencia estuvo marcada por una grave enfermedad que influyó de manera determinante su aproximación a la vida y que por épocas le impedía dedicarse a escribir. Aún así, fue una escritora prolífica, con 2 novelas, 32 cuentos y varias conferencias.
Por otro lado, Flannery O’Connor es una escritora católica y autodefinida como tal. Ella misma no se entiende si no es en referencia a su fe católica. Este hecho, que quizá a nosotros puede parecernos no muy relevante, sí lo es en el medio cultural de los Estados Unidos, no solo por ser un país de mayoría protestante, sino porque la idiosincrasia norteamericana considera la religión un factor clave a la hora de referirse a algún literato o pensador. En una ocasión, refiriéndose al trabajo de autores católicos, Flannery señalaba que incluso entre los católicos “todas las circunstancias del autor son ignoradas excepto su fe”.
“Escribo como lo hago –afirmaba en una carta- porque, y solo porque, soy católica. Pienso que si no fuera católica, no tendría ninguna razón para escribir, ninguna razón para ver, ninguna razón para sentirme horrorizada o incluso gozar de algo”. “Cuando la gente me dice que porque soy católica no puedo ser artista –decía en otra ocasión-, respondo que porque soy católica, no puedo permitirme ser menos que un artista”.
Sin embargo, a primera vista, su literatura está lejos de ser reconocible como la obra de un católico. No hay referencias a situaciones o personajes reconocidos como tales, ni el lenguaje sería el familiar para un católico. La ficción de Flannery O’Connor se desarrolla en el típico ambiente de religión protestante del sur de los Estados Unidos, donde abundan los auto-proclamados profetas, las referencias constantes a la Biblia a la manera protestante, la música Gospel y el lema “Jesús salva” que aparece por doquier. Sin embargo, lo que es más difícil de comprender, pero sin embargo sigue fascinando a tantos, es la capacidad de Flannery para, a través de la aguda descripción de esa realidad concreta, dar a conocer verdades fundamentales sobre el hombre y sobre la fe católica.
Kenneth Pierce Balbuena