Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz:
«Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», - que quiere decir: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
Al oír esto algunos de los presentes decían:
«Mira, llama a Elías.» (Mc 15,33-35)
¿Por qué me has abandonado?
Mas, ¿quién podrá ver en esto ni rastro de la Divinidad?
¿Quién podrá acercarse a la comprensión de este misterio?
¡Oh Dios Omnipotente, Fuerte, Poderoso!
He aquí la obra de tus manos, nosotros.
He aquí los redimidos por medio de tu Amor; de nuestro corazón sólo puede brotar la acción de gracias.
Por nuestra causa has aguantado el dolor, la humillación, el abandono, el miedo, el sufrimiento.
Señor, ¿quién no te amará?
¿Quién podrá, después de esto, seguir atormentándote con pecados?
¿Quién podrá rechazar tu clemencia?
¡No! Nada nos separará de ti, ni ahora ni en la eternidad.