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El Testigo Fiel
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San Metodio de Olimpo, obispo y mártir
fecha de inscripción en el santoral: 20 de junio
fecha en el calendario anterior: 18 de septiembre
†: c. 312 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: El Testigo Fiel
Elogio: Conmemoración de san Metodio, obispo de Olimpo y mártir, que escribió diversas obras en estilo conciso y elegante, y hacia el final de la persecución desencadenada bajo Diocleciano, fue coronado por el martirio.

San Jerónimo declara que Metodio fue, primero obispo de Olimpo, en Licia, y después, en la sede de Tiro, y afirma que recibió la corona del martirio en la ciudad griega de Khalkis, al finalizar la última persecución. Estas declaraciones fueron la base con las que se incluyó en el Martirologio Romano, aunque en la actualidad se cree que no fue nunca obispo de Tiro, y sólo se menciona la sede de Olimpo. A veces, sobre todo entre los escritores griegos, se lo llama Obispo de Pátara.

Sin embargo, todo lo que se sabe de él se refiere más a sus escritos que a su vida, ya que lamentablemente no lo menciona la Historia Eclesiástica de Eusebio. San Jerónimo lo llama el «muy elocuente Metodio», y el Martirologio actual habla de su «estilo conciso y elegante». Sin embargo, no todos son de la misma opinión; Butler, por ejemplo, se refiere a su obra más conocida, el Symposium, como de «estilo difuso, hinchado y plagado de epítetos»...

Lo cierto es que, más allá de esta cuestión que afecta más a la expresión que al contenido, su obra fue de gran importancia en su época, e influyó decisivamente, al punto en que la iglesia de Oriente lo tiene incluido entre los Padres de la Iglesia. En un principio parece que adhirió a algunas teorías de Orígenes, pero al tiempo rechazó las ideas espiritualistas y que podían tender al gnosticismo del gran escritor alejandrino, y escribió tratados para refutar la preexistencia del alma y la no identidad entre el cuerpo "material" y el cuerpo "espiritual", dos ideas muy arraigadas en el origenismo. También refutó a Porfirio, el neoplatónico, filosofía que rivalizaba en espiritualidad con el cristianismo; sin embargo sus tratados contra Porfirio no han llegado hasta nosotros, sino sólo las menciones de san Jerónimo.

De sus obras se conservan, una íntegramente en griego, la más conocida, el «Symposium» o «Banquete de las diez vírgenes», y las demás en una edición en eslavo, y algunos fragmentos griegos y armenios. Como lector e imitador de Platón, escribe -muy habitual en su época- en forma de diálogo, y en particular en el Symposium imita el banquete platónico: una matrona le relata al pesonaje Eubulo (el propio Metodio) los diez discursos en alabanza de la virginidad que realizaron diez vírgenes en el curso de un banquete. La obra concluye con un himno en 24 versos recitado por santa Tecla, con estribillo de las vírgenes, que es uno de los himnos orientales más antiguos que se conservan, en alabanza de la sagrada virginidad:


Tecla: En lo alto de los cielos, ¡oh vírgenes!, se deja oír el sonido de una voz que despierta a los muertos; debemos apresurarnos, dice, a ir todas hacia el oriente al encuentro del Esposo, revestidas de nuestras blancas túnicas y con las lámparas en la mano. Despertaos y avanzad antes de que el Rey franquee la puerta.
    Todas: A ti consagro mi pureza, ¡oh divino Esposo!, y voy a tu encuentro con la lámpara brillante en mi mano.


Tecla: He desechado la felicidad de los mortales, tan lamentable; los placeres de una vida voluptuosa y el amor profano; a tus brazos, que dan la vida, me acojo buscando protección, en espera de contemplar, ¡oh Cristo bienaventurado!, tu eternal belleza.
    Todas: A ti consagro mi pureza, ¡oh divino Esposo!, y voy a tu encuentro con la lámpara brillante en mi mano.


Tecla: He abandonado los tálamos y palacios de bodas terrenas por ti, ¡oh divino Maestro!, resplandeciente cual el oro; a ti me acerco con mis vestiduras inmaculadas, para ser la primera en entrar contigo en la felicidad completa de la cámara nupcial.
    Todas: A ti consagro mi pureza...


Tecla: Después de haber escapado, ¡oh Cristo bienaventurado!, a los engaños del dragón y sus artificiosas seducciones, sufrí el ardor de las llamas y las acometidas mortíferas de bestias feroces, confiada en que vendrías a ayudarme.
    Todas: A ti consagro mi pureza...


Tecla: Olvidé mi patria arrastrada por el encanto ardiente de tu gracia, ¡oh Verbo divino!; olvidé los coros de las vírgenes compañeras de mi edad y el fausto de mi madre y de mi raza, porque tú mismo, tú, ¡oh Cristo!, eres todo para mí.
    Todas: A ti consagro mi pureza...


Tecla: Salve, ¡oh Cristo, dador de la vida, luz sin ocaso! ¡Oye nuestras aclamaciones! Es el coro de las vírgenes quien te las dirige, ¡oh flor sin tacha, gozo, prudencia, sabiduría, oh Verbo de Dios!
    Todas: A ti consagro mi pureza...


Tecla: Abre las puertas, ¡oh reina!, la de la rica veste; admítenos en la cámara nupcial. ¡Esposa inmaculada, vencedora, egregia, que te mueves entre aromas! Engalanadas con vestiduras semejantes, henos aquí vástagos tuyos, sentadas junto a Cristo para celebrar tus venturosas nupcias.
    Todas: A ti consagro mi pureza...

La presente noticia recoge los datos del Butler-Guinea, 18 sept, y de la Patrología de Quasten, vol 1: De esta última se reproduce el himno, que el autor remite al volumen «Las vírgenes cristianas de la Iglesia primitiva. Estudio histórico y antología patrística», BAC, pág 1081s.

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