
Bonita era pastora de ocas. Veneraba a san Julián de Brioude y rezaba a menudo ante su tumba, en la iglesia dedicada a él en Brioude. La leyenda cuenta que un día que no pudo ir a Brioude como de costumbre porque el río Allier estaba desbordado, un ángel la llevó a través del agua. Cuando los normandos estaban a punto de atacar Broude, descubrió, mientras cuidaba de sus ocas, a unos soldados escondidos entre los juncos, preparándose para saquear la ciudad. Dio la alarma y salvó a la ciudad del desastre.
Los restos de Bonita se encontraron hacia 1650. Su nombre figura en un breviario del siglo XIII de la basílica de Saint-Julien de Brioude.