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El Testigo Fiel
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Beatos Crescencio Ortiz Blanco, Ángel Martínez Miquélez y Bernardo Sáiz Gutiérrez, religiosos mártires
fecha de inscripción en el santoral: 20 de julio
†: 1936 - país: España
canonización: B: Francisco 22 oct 2022
hagiografía: Congregación
Elogio: En Casa de Campo, Madrid, beatos Crescencio Ortiz Blanco, Ángel Martínez Miquélez, sacerdotes, y Bernardo Sáiz Gutiérrez, todos ellos religiosos de la Congregación del Santísimo Redentor, misioneros redentoristas y mártires, que dieron su vida por la fe que profesaban en tiempos de la guerra civil española.
Ver más información en: 12 mártires redentoristas de Madrid

Crescencio Ortiz nació en Pamplona en 1881. El beato era el mayor de tres hermanos. A los pocos años, la familia emigró en busca de un mejor porvenir, primero a Vitoria y más tarde al pueblecito alavés de Villareal donde Crescencio comenzó a ir a la escuela. Aliviada la economía familiar, regresaron y se establecieron en Pamplona. Al terminar la escuela se puso a buscar trabajo, pero ningún oficio se adaptaba a su persona. Un día entró en la Basílica de San Ignacio de su ciudad. Le gustó el hábito de los religiosos redentoristas, su recogimiento y, sobre todo, el cuadro de la Virgen. Desde aquel momento volvió allí más de una vez a orar hasta que un día se atrevió a dar el paso y se presentó al Rector de aquella comunidad manifestándole su deseo de hacerse religioso. Examinado sobre sus cualidades y arregladas las cosas, a los 12 años ingresó en El Espino (Burgos), jovenado de los Misioneros Redentoristas en España. Según parece, era un tanto trasto y no muy dado al estudio.

Profesó en 1900 y cursó la carrera sacerdotal en Astorga (León). Sus contemporáneos lo retratan como hombre de gran nobleza y sinceridad, trato agradable y gran imaginación. Muy trabajador y esmerado en todo cuanto se le encomendaba. Fue ordenado sacerdote el 28 de diciembre de 1905. En 1906 queda adscrito a la comunidad de Astorga. Al año siguiente va a Cuenca a realizar el Segundo Noviciado. Sin terminarlo volvió a Astorga requerido por los Superiores para dedicarse a la docencia. Explicó Filosofía hasta 1908, año en que abandona la docencia para dedicarse a las Misiones, fundamentalmente en Galicia, Madrid y Valencia. En 1927 es destinado a la comunidad del Perpetuo Socorro de Madrid como misionero. En 1929 es destinado a Barcelona. Desde Barcelona, en los nombramientos de junio de 1936, fue destinado en un principio a América, pero debido a un problema de salud fue trasladado a Madrid, San Miguel; allí hacía una semana que había llegado, el 13 de julio de 1936, cuando le sorprendió la persecución religiosa. Será uno de los primeros Redentoristas caídos víctimas de la Revolución.

Cuando estalla la Guerra Civil y con ella la persecución religiosa, Crescencio salió de casa con el P. Calvo en la tarde del día 19 de julio, con la intención de hospedarse en la Torre de los Lujanes, en la Plaza de la Villa, donde el P. Calvo tenía buenos amigos. Pero éstos no se atrevieron a recibir a dos religiosos en una casa oficial. El P. Ortiz prefirió volver al convento y allí pasó la noche del 19 de julio. El día 20, después de comer salió con el P. Miquélez y el H. Gabriel en busca de refugio, atrapados a la salida de casa y juntos dieron testimonio de su fe. Fueron martirizados en la Casa de Campo de Madrid.

Ángel Martínez Miquélez contaba el día de su martirio con 29 años. Había nacido el 2 de marzo de 1907 en Funes (Navarra). A los 5 años toda la familia se trasladó a Argentina con la esperanza de mejorar su situación económica. No tuvieron suerte y se vieron obligados a volver. Unos meses después de regresar moría la madre de Ángel, contando éste tan sólo ocho años. Su tía Magdalena marcó su educación y su vida. Por su parte su padre logró que le admitieran de forma gratuita en el colegio de los Escolapios de Pamplona. Aquí hizo el niño la primera comunión y pasaría los años de su infancia. Tuvo lugar una Misión en Funes, predicada por los Redentoristas. Los misioneros fueron el P. Prieto y el beato P. Donato Jiménez (martirizado también en Madrid en 1936). Durante estos días Ángel se encontraba en el internado. La madrina Magdalena habló a los misioneros de su sobrino y ahijado, del que sabía que sentía inclinación al sacerdocio. Como no pudieron encontrarse con él, esperaron todos y cuando regresaron los misioneros con motivo de la renovación, pudieron los misioneros entrevistarse con Ángel, un muchacho entonces de 11 años. Éste cuenta como quedó admirado de la vida que llevaban los misioneros. A fines de febrero de 1918, el P. Jiménez encaminó a Ángel hacia El Espino (Burgos), Seminario de los Redentoristas de España.

Su corta carrera sacerdotal y religiosa sigue este itinerario. En 1925 hizo su profesión religiosa y estudio filosofía y teología en Astorga (León). Era bueno y estudioso. En talento se mantenía siempre en las cimas del sobresaliente. Fue ordenado presbítero en 1930. Terminado su período en el Estudiantado viaja a Nava del Rey (Valladolid) para realizar su Segundo Noviciado bajo la tutela del S. D. Antonio Girón; reclamado antes de acabarlo, en 1931 ha de dirigirse a Astorga para ser profesor de Filosofía allí. En septiembre de 1932 se hace cargo de las clases de Literatura. En Astorga residirá hasta enero de 1934. Agotado por el estrés, sufre una crisis nerviosa y en enero de 1934 se traslada unos meses a El Espino (Burgos) para reponerse. Lo logra plenamente. Durante este tiempo de descanso predicará misiones en Álava. En mayo de 1934, dejará las clases y el Estudiantado y es destinado a Granada. El 6 de octubre de ese mismo año va camino de Madrid, a la Comunidad del Perpetuo Socorro para hacer de Secretario particular del P. Provincial. Hombre bondadoso, serio y muy responsable. En junio de 1936 lo trasladaron a la Comunidad de la Pontificia de San Miguel para hacerse cargo de los jóvenes. Allí le sorprenderá la Revolución a los pocos días de su traslado. Iniciados los tumultos no salió del convento hasta el 20 de julio, con el P. Crescencio Ortiz y el H. Gabriel. Sorprendidos en la calle por un grupo de milicianos, corrieron la misma suerte y no se supo más de él.

Bernardo Sáiz Gutiérrez, conocido en la Congregación como H. Gabriel nació el 23 de julio de 1896 en Melgosa (Burgos). Bautizado ese mismo día, le pusieron el nombre de Bernardo. Muy niño sintió inclinación al estado religioso pero sus padres se opusieron. De joven, sus amigos le llamaban “el fraile” por su piedad. Como parecía imposible responder a la llamada de Dios, se encomendó a la Virgen del Perpetuo Socorro y, por medio de su hermana, consiguió entrar en los Redentoristas en 1919. Fue postulante en El Espino (Burgos) y novicio en Nava del Rey (Valladolid). El 13 de noviembre de 1920 pudo hacer su profesión religiosa, adoptando el nombre de Hermano Gabriel. Después de profesar quedó adscrito a la comunidad de Nava del Rey. En 1922 lo encontramos en la de Pamplona (Navarra). En 1923 regresa a Nava del Rey donde realiza el Segundo Noviciado que termina con su Profesión Perpetua el 25 de marzo de 1924. Desde abril de ese año es adscrito a la comunidad de San Miguel de Madrid. Allí permanece hasta 1936, el que el Señor le llamará a su lado en la tarde del 20 de julio.

Sirvió a la comunidad en la cocina en todas las casas donde estuvo. Estuvo una temporada en el palacio de la Nunciatura aprendiendo el oficio con las religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, encargadas entonces de los servicios de la Nunciatura. Cuantos le conocieron comienzan y no acaban el elogio de sus virtudes. Un verdadero santito. Estaba preparado para el martirio y la posibilidad de serlo no era ajena a sus cálculos. Horas antes de su muerte salió disfrazado a llevar ciertas cosillas de uso doméstico a casa de Dª Petra Muñoz, la cual recuerda que estaba el buen religioso tan cercano, tranquilo y desprendido de todo, que le dijo al despedirse: “estoy tan preparado que no me perturbará si me cogiesen ahora mismo y me pegasen cuatro tiros, y hasta me alegraría”. Cuando estalló la Revolución no salió del convento hasta el 20 de julio. El mismo día de su salida fue sorprendido en la calle por un grupo de milicianos, junto con los Padres Ortiz y Miquélez, corriendo la misma suerte. Nada se ha podido saber de él por muchas averiguaciones que se hicieron. Tenía cuarenta años cuando Dios le coronó con el martirio.

 

 

 

fuente: Congregación
accedido 618 veces
ingreso o última modificación relevante: 24-10-2022
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