
Nació en Lucena (Córdoba), el 22 de octubre de 1892; era religioso de la Sociedad Salesianos de Don Bosco (SDB), sacerdote, educador y mártir.
Hijo de Emilio y Josefa, siendo alumno en las escuelas salesianas de la Santísima Trinidad de Sevilla se sintió atraído por el espíritu de san Juan Bosco, e hizo allí el aspirantado y el noviciado. Profesó en 1909 y fue ordenado de presbítero en Sevilla en 1917. A excepción del sexenio transcurrido entre Utrera, Ronda y Alcalá de Guadaira, alternando los cargos de catequista y consejero con la entrega a la docencia, Antonio Fernández estuvo siempre en la casa de la Santísima Trinidad de Sevilla, ciudad en la que fue asesinado el 20 de julio de 1936. Destacó por su amor a la enseñanza.
A primera hora de la tarde del día 19 de julio, tras ser asaltado el colegio, Antonio salió vestido de paisano y acompañado por un estudiante interno y pernoctó en la pensión de los parientes de unos antiguos alumnos. A la mañana siguiente, 20 de julio, tras celebrar la misa fue a visitar a los familiares de otro antiguo alumno y a su anciana madre, que, temporalmente, residía en la casa de las Hijas de María Auxiliadora, la sevillana calle de Castellar.
Terminada la visita, Antonio y el alumno interno que le acompañaba se encaminaron hacia la plaza de San Marcos, para volver al colegio de la Trinidad. Al llegar a dicha plaza, fueron sorprendidos por una barricada de milicianos. Antonio intentó volverse, pero un miliciano le obligó a proseguir adelante, pidiéndole la documentación: “La he dejado en casa”, respondió haciendo ver la cartera vacía. “¿No sabes que en estos tiempos no se puede andar indocumentado?”, le respondió el miliciano mientras le cacheaba. De uno de los bolsillos le sacó un reloj, de cuya cadena pendía un crucifijo. “Entonces, ¿tú crees en esto?”, le preguntó.
Antonio permaneció callado con la cabeza baja. “Sí, éste es un cura que veo pasar por aquí con frecuencia”, exclamó el miliciano que lo había cacheado. Y sin más, otro miliciano le disparó tres o cuatro veces, hiriéndole en el costado derecho. Antonio cayó a tierra, solicitando ayuda, momento que el alumno que le acompañaba aprovechó para correr al colegio de la Santísima Trinidad y referir a los salesianos lo sucedido.
Otro testigo, que lo vio todo desde la ventana de su casa, oyó decir a Antonio: “Por favor, llevadme a la casa de urgencias porque me muero”. Pensaron hacerlo, pero uno se opuso por temor a ser descubiertos y optaron por arrastrarlo entre varios hacia la calle de San Luis. Al abrirle el cuello de la camisa y ver el crucifijo y el escapulario, uno de los milicianos dijo al otro: “¿No te das cuenta que es un fascista?” Y a bocajarro, le dispararon.
Murió desangrado a los cuarenta y tres años de edad.
Parece que lo arrojaron a los rescoldos, aún candentes, de la incendiada iglesia de San Marcos o de Santa Marina.
Fue el primer salesiano asesinado en Andalucía.
El artículo original está firmado por María Encarnación González Rodríguez, y cita una extensa bibliografía, interesante para quien quiera investigar el conjunto de los mártires salesianos de la Guerra Civil.