
Había nacido el 27 de febrero de 1894 en L’espluga Calba (Lleida), sus padres se llamaban Antoni y Filomena. Había ingresado como hermano a los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos).
El Hermano Antoni era un verdadero tesoro dentro de la vida de las comunidades, especialmente por sus servicios en el oficio de sastre. Ejerció también de profesor de los primeros cursos, distinguiéndose por su seriedad, eficacia. Mereció siempre la confianza de todos y era considerado como un modelo por su espíritu sobrenatural. De él escribió el Padre Ferrán Carrera: “A mi modo de entender era el Hermano Capdevila una de las almas más enteramente de Dios que había en la Comunidad, para no decir la que más.”
Cuando estalló la revolución de julio de 1936, el Hermano pertenecía a la Comunidad de Selva del Camp. Su primera preocupación fue llevar al aciano y enfermo Hno. Ramón Garcés al Asilo de las Hermanitas de Reus. De allí, el día 24 de julio, se trasladaba en tren hasta Borges Blanques para recorrer 14 km, que lo separaban de Mollerrousa, próxima a Lleida, donde vivía su familia. El tren se detuvo más de lo debido en Vimbodí para hacer el cambio de máquina, y Antonio se bajó del vagón para pasear por el andén.
Algún malicioso sospechó algo raro y allí mismo lo detuvieron. Lo pasearon por las calles hasta llegar al Comité, le robaron el dinero que llevaba y, a eso del mediodía, lo condujeron, carretera adelante, hasta el lugar llamado El Puntarró, distante de la población unos 500 m. Ante los fusiles, Antoni pidió con toda serenidad a sus asesinos:
-¿Me permitís prepararme por unos momentos?
Concedida la petición se descubrió con toda calma la cabeza, se puso a rezar tranquilamente y, acabada la oración fervorosa, invitó a los asesinos a que hicieran lo que quisieran. Antes de morir, sacando fuerzas desde el fondo de su alma misionera, gritó:
- ¡Viva Cristo Rey!
Una ráfaga de disparos lo abatió por tierra, Las gentes sencillas del pueblo, lo consideraron santo desde el primer momento; se afanaron por hacerse con piedrecillas salpicadas con la sangre del mártir. Empezaba la glorificación de Dios. Sus restos mortales reposan en la Iglesia de San Agustí de Tarragona, junto con las del Padre Frederic Vila.
La fuente cita como bibliografía: Vicente Pecharromán, cmf. «Dieron su vida por Cristo». Beatos Mártires Claretianos. En Sigüenza, Fernancaballero y Tarragona. Misioneros Claretianos. Boletín número 97 Abril – 2013 – Mártires Claretianos de Barbastro – “Mártires Claretianos de Tarragona”