
El mayor de los lasalianos asesinados ese día en Montcada era el hermano Arnoldo Julián. Profesó en 1918 y estaba desde 1933 en la comunidad de Montcada, en el Convento de Nuestra Señora del Castell. El 19 de julio tuvo que dispersarse la comunidad y, con otros tres, se escondió en Masrampinyo, propiedad de Pedro Garau, en una parte alejada, sin hablar con extraños y yendo a casa de su bienhechor solo para comer. Al presentarse milicianos a buscarlos, se libraron escondiéndose en una elevada plantación de alubias. El día 25 reclamaron al dueño -según su hermano-:
– Sabemos que guardas aquí a cuatro curas.
– No. Yo tengo aquí a cuatro profesores.
– Para nosotros es lo mismo. Traelos.
Una vez detenidos, dijeron a los hermanos:
– No tienen que temer, los vamos a llevar a Francia.
Pero fueron al cementerio hoy llamado de Collserola -por la sierra del mismo nombre-, y entonces de Sardañola, por estar parte de él en el término municipal de Cerdanyola del Vallès (el Torrent del Cargoll, divisoria entre ambos municipios, pasa por medio del camposanto). Cuando llegaron al cementerio uno que debía conocerlo, le quiso poner aparte para salvarle. Pero el hermano le preguntó qué pasaría con los otros. “Los vamos a fusilar”, fue la respuesta. “Pues entonces, quiero seguir la suerte de mis hermanos”. Se puso con ellos ante la fosa abierta y juntos gritaron “¡Viva Cristo Rey!” antes de morir.
Santos López Martínez (hermano Mariano León), era el siguiente en edad, con 25 años. Profesó en 1927, en 1930 comenzó su apostolado en Horta y de ahí pasó a Montcada, con breves estancias en Palamós y Salt. Sufrió la misma suerte que el hermano Arnoldo Julián. Vicente Fernández Castrillo (hermano Vicente Justino), de 23 años, también sufrió la misma suerte. Había profesado en 1929 y llegó a Montcada en 1934. José Mas Pujolras (hermano José Benito), de 22 años, murió como los anteriores. También profesó en 1929 y trabajó en Horta, Salt y desde 1934 en Montcada.