Uno de los malhechores colgados le insultaba:
«¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»
Pero el otro le respondió diciendo:
«¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
Jesús le dijo:
«Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» (Lc 23,39-43)
¡Cómo estás lleno de piedad, amor y misericordia, Tú, Cordero de Dios, Mediador entre Dios y los hombres!
Apenas te grita un hombre en su arrepentimiento, y Tú ya le abres las puertas de tu Reino.
¡Acuérdate también de mí, así como le prometiste a él, lleno de ternura, que ese mismo día estaría contigo en el Paraíso!
¡Señor y Dios mío! ¡Inclina tu mirada hacia nosotros!
Míranos a los pies de tu Cruz verdaderamente contritos y arrepentidos.
¡Mira, oh Padre, cómo nos duelen nuestros pecados!
Que en nuestra última hora se desprenda de tu boca este consuelo:
«Hoy estarás conmigo en el Paraíso».