Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice:
«Tengo sed.»
Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. (Jn 19,28-29)
Frenad, hombres, esos ímpetus de venganza, esa vuestra furia sosegad dejando que os conmueva la compasión.
¡Implorad más bien desde vuestros corazones la misericordia!
Jesús dijo: «TENGO SED», y se le dio a beber vino mezclado con hiel.
Esta es la amargura con la que un hombre pretende calmar la sed de Dios.
¿Puede ir más allá la crueldad?
No, si el que pasó haciendo el bien no puede ya abarcar tanto sufrimiento.
Ardiendo de sed se apaga...
¡Y se le da a beber bilis!