La primera y la última letra del / alfabeto griego aparecen en Ap 1,8 juntas, como autodefinición de Dios: «Yo soy el alfa y la omega». En sentido metafórico (↗metáfora), indican (al igual que las palabras siguientes del v. 8b) que la autoridad de Dios abarca el pasado, el presente y el futuro. En Ap 21,6 completa Dios esta autoafirmación: «Yo soy el principio y el fin». Por lo que respecta al contenido, esta asociación de a y ω se corresponde con el autopredicado de Yahveh en Is 44,6 (de modo parecido en Is 48,12; cf. Is 41,4). Esta autodefinición divina, colocada inmediatamente a continuación del anuncio del juicio por medio del ↗Hijo del hombre (Ap 1,7), destaca la elevada posición de Cristo. De acuerdo con esta idea, en Ap 22,13 Cristo se aplica a sí mismo esta definición en cuanto juez a punto de llegar (cf. Ap 1,17; Ap 2,8).
El Ap presupone que los lectores conocen el significado metafórico de a y ω. En la literatura helenista aparecen más testimonios de la simbología de las letras y los números, aunque nunca son utilizados como predicados de Dios. En cuanto que son la primera y la última letra de un alfabeto de 24 signos, en los que se establece una conexión con los 12 signos del zodíaco, a y ω representan la universalidad del cosmos. El recurso al a y la ω le sirven al autor del Ap para expresar de manera gráfica la significación universal de Dios y de Cristo. Más tarde, a y ω (a menudo escritas con mayúsculas) se aplicaron casi exclusivamente a Cristo y acentuaban su majestad divina, situada por encima de toda la creación (en la línea de Jn 1,3; Heb 1,2; Col l,15ss).
Jacob Kremer