Adán (hebreo אָדָם [’ādām]) es en el Antiguo Testamento la palabra con que se designa al hombre, a los hombres y a la humanidad, y es también el nombre personal del primer hombre, con el que se inicia la genealogía de la protohistoria (Gn 5,1ss). En Gn 2,7 se ofrece una explicación de este vocablo, de etimología incierta (’dm = ¿ser rojo o tener color rojo?), basada en la similitud fonética entre el hebreo ’ādām (hombre) y ’adāmâ (suelo, tierra) (en conexión tal vez con una concepción arraigada en la ideología de la realeza del Oriente antiguo), en la que se alude a la unidad del hombre con su espacio vital.
Según Gn 2,7ss, la creación del hombre se articula en dos fases. El punto de arranque lo constituye la modelación de una figura a partir del polvo de la tierra y, como complemento, la inspiración del aliento de vida; viene a continuación la formación del jardín del Edén y el traslado del hombre a este lugar. La existencia del hombre, así encauzada hacia la plenitud, tiene su meta, según Gn 2,15, en una relación de servicio a Dios en el jardín del Edén. Aunque para cada uno de estos actos concretos de la creación pueden encontrarse paralelos en la mitología del antiguo Oriente, no los hay, en cambio, para la estructura total que, como elemento característico propio de este relato de la creación, ha sido concebida sobre el telón de fondo de una experiencia histórico-salvífica de Israel, a saber, la elección de David como soberano teocrático de Sión. Acerca de la diferenciación del hombre en varón y mujer querida por el Dios creador, Gn 2,23ss afirma, mediante la utilización de la fórmula de parentesco «hueso de mis huesos y carne de mi carne» y una alusión a la semejanza fonética del hebreo ’îš (varón) e ’iššâ (mujer), que ambos son de la misma esencia y tienen una misma dignidad y que, por consiguiente, en el matrimonio la relación comunitaria de varón y mujer no debe configurarse en el sentido de superioridad y subordinación, sino sobre la base del amor y el respeto mutuo. A diferencia de esta exposición, que es la más antigua, el relato de la creación de Gn 1,26ss, bosquejado sobre el trasfondo de la profecía de salvación exílica/postexílica, describe cómo el ser humano, creado por Dios como varón y mujer y dotado de la ↗imagen y semejanza de Dios, está orientado, a una con la totalidad de la creación, adaptada a él como su espacio vital, a una plenitud que, según Gn 2,1ss, alcanza su realización plena en el descanso de la obra creadora de Dios. En Gn 5,1ss y en la transición de la creación del hombre a la posterior prolongación de la existencia humana en el tiempo, la genealogía transforma el nombre del género humano adán en el nombre propio del hombre del principio, pero se subraya al mismo tiempo, mediante la asignación del nombre llevada a cabo por Dios y mencionada aquí por primera vez, que la totalidad de la historia humana debe conservar, para el varón y la mujer, aquella validez que, por voluntad de Dios, está asociada al nombre del género humano adán.
Finalmente, mediante la conexión redaccional de la descripción más antigua de la creación con la más reciente de Gn 1ss y su recepción en la presentación del ↗Hijo del hombre de Dn 7, se ha fijado, ya en el Antiguo Testamento, el presupuesto para la antítesis, desarrollada por vez primera en el Nuevo Testamento, de un Adán primero y un último Adán.
Ernst Haag
Adán, como nombre personal del primer hombre, aparece en la literatura del judaísmo temprano con mucha mayor frecuencia que en el Antiguo Testamento hebreo. Junto a Si (Si 15,14; Si 17,30-18,14; {Si 24,28(?)}; Si 33,10-15; Si 40,1-11; Si 49,16), Sab (Sab 2,23ss; Sab 7,1-6; Sab 9,1ss; Sab 10,1ss) y varios escritos de la época intertestamentaria (HenEt 69,11; 90,37; Jub 2,14; 3,8-14.27-35; Sib 3,24ss; 1QS 4,23; CD 3,20; 1QH 17,15; Filón Opif. 24s. 64-88, 134-169; 4 Esd 3,4-11.20-27; 4,30; 6,45s.53-59; 7,11-14.62-70.116ss; BarSi 4,3; 14,17s.; 17,1-18,2; 23,4s.; 48,42-47; 54,13-19; 56,6-16; HenEsl 30,8) contienen, sobre todo en el Apocalipsis de Moisés y la Vida de Adán y Eva, mutuamente dependientes en el ámbito literario, importantes afirmaciones, no registradas en Gn 1-3, sobre Adán que perviven en la tradición rabínica y cristiana. Adán fue creado en la plenitud de la belleza, semejante a los ángeles. ↗Filón distingue entre la creación del hombre ideal (Opif. 76 a Gn 1,26) y la del hombre concreto (Opif. 134 a Gn 2,7). Cuando Satán se vio en la precisión de venerar la imagen de Dios en Adán, se negó a hacerlo (VitAd 13). Adán era inmortal y ejerció la soberanía sobre el universo (Filón, Opif. 83s.). Sólo al final de los tiempos, en la resurrección, recuperará su magnificencia (VitAd 47). También se señala su papel como figura salvífica del fin de los tiempos (HenEt 90,37; cf. la interpretación cristiana de VitAd 42). Según la visión pesimista del mundo del autor del 4 de Esdras, el pecado de Adán provocó un deterioro radical en la ↗creación. Las consecuencias de este ↗pecado afectan a todos los seres humanos, aspecto en el que se sigue reflexionando sobre si, por así decirlo, Adán actuaba por todos (cf., por ejemplo, el papel de ↗Eva en el Apocalipsis de Moisés, 7) o si todos los hombres se comportan, bajo su propia y personal responsabilidad, lo mismo que Adán. De Adán se asume que tenía desde el principio un impulso hacia el mal en su corazón (4 Esd 3,20; v. también Filón, Opif. 73ss.). La maldad de Adán se convirtió también en peligro y tentación para los ángeles. Después de su pecado, fue expulsado del ↗paraíso y contrajo 70 dolencias corporales (VitAd 34).
Ferdinand Dexinger
a) Perspectiva genealógica. El árbol genealógico de Jesús en Lc 3,38 finaliza con la afirmación de que Adán procede «de Dios» del mismo modo que todos los restantes de la lista proceden de sus padres. Se establece así, al menos de forma implícita, una comparación entre Adán como hijo de Dios y el mismo hijo de Dios, Jesús, mencionado antes (Lc 3,22), con una alusión al carácter universal de la filiación divina de Jesús.
b) Perspectiva etiológica y paradigmática. Se introduce la relación entre Adán y Eva como prototipo de las que se dan entre el varón y la mujer, por ejemplo, respecto de la prohibición del divorcio según Mc 10,6-9 par. (un varón y una mujer: una carne), de modo que el varón debe amar y no odiar a su mujer (Ef 5,28-32, que, en su sentido literal, y según la concepción de este pasaje, se aplica en primer lugar a Cristo y a la Iglesia), y la mujer no debe enseñar ni dominar al varón (1Tim 2,12ss).
c) Perspectiva tipológica. En su figuración soteriológica, se compara a Adán con Jesucristo a la vez que se le contrapone. Pablo desarrolla este pensamiento en 1Cor 15,21-49 y, bajo otra luz, en Rm 5,12-21. La posibilidad de establecer una comparación entre ambos se basa fundamentalmente en que, en cada caso, en un hombre se decide la suerte de todos. — Según 1Cor 15,21ss, esto es aplicable a la muerte causada por Adán y a la posibilidad de resurrección de todos causada por Jesús. Es cierto que ninguna de las dos cosas sucede automáticamente, dado que todos mueren porque todos han pecado (Rm 5,12) y, por otra parte, cuenta con buenas razones, aunque tampoco es definitivamente determinante, según Rm 8,21, la afirmación de que sólo resucitarán los que llegaron a creer y recibieron las arras del Espíritu. En 1Cor 15,44-49 Pablo avanza un paso más: en Cristo ha alcanzado la creación su punto final, porque sólo entonces permite Dios que aparezca el hombre, hecho a su imagen según Gn 1,26ss, como hombre pneumático (en 1Cor 15,46 corrige Pablo el punto de vista que entiende en sentido cronológico la secuencia de los dos relatos de la creación de Gn 1 y Gn 2, por lo demás, también aquí con la equiparación, fundamentada en el espíritu, entre varón y mujer; cf. Gál 3,26ss). Sólo mediante el Espíritu vivificador, que ha llenado enteramente a Jesucristo, llegan los hombres a su forma y su destino auténticos. — En Rm 5,12-21, la pneumatología no desempeña ningún papel y se establece, en cambio, una vinculación entre el pecado, la ley y la gracia, en conexión con la superabundancia antitipológica a favor del acontecimiento Cristo: este acontecimiento tiene una eficacia que supera ampliamente la transgresión de Adán. Aunque Rm 5,12 no ofrece todavía una «doctrina del pecado original», ni tampoco de la «muerte hereditaria», puesto que todos han pecado bajo su propia y personal responsabilidad (cf. el «pues todos pecaron» de Rm 5,12b), con todo, fue Adán quien dio entrada en el mundo al pecado como una magnitud dotada de mayor poder, de modo que ahora puede atacar a todos y a cada uno de los hombres.
Klaus Berger
Los mitos acerca de un hombre primitivo originario forman parte del material narrativo de muchos pueblos. La figura de Adán del judaísmo y su interpretación en la literatura pseudoepigráfica protocristiana y rabínica ha tenido profundas repercusiones en el entorno del Oriente Próximo. En la ↗gnosis y en las orientaciones filosófico-teológicas (sincretistas) del gnosticismo se interpreta a Adán en el marco de una cosmología contemplada con mirada mítica estrictamente dualista y se le utiliza como arquetipo del acontecimiento de la salvación. Así, por ejemplo, en el maniqueísmo (↗Manes) y el mandeísmo, donde es de fundamental importancia la escisión entre el Adán «oculto» (Adam kasia) y el Adán corpóreo (Adam pagria), es decir, entre el alma luminosa y el cuerpo tenebroso, tanto de aquel primer hombre como de todos los seres humanos. El Adán corpóreo necesita, además del espíritu (ruha) que le presta la esencia creadora Ptahil, también la inspiración del alma luminosa (Adam kasia) a través de seres luminosos como Mandá-d-Haijé o Hibil (iranios). Las concepciones judías, cristianas y gnósticas de Adán han dado origen a una rica tradición sobre Adán también en el islam.
Richard Nebel
Como la exégesis muestra, el género literario «protohistoria» (Gn 1-11) pretende describir los rasgos fundamentales del ser humano, experimentables siempre y por doquier, mediante el recurso de retrotraerlos narrativamente a los primeros orígenes (↗etiología). Por consiguiente, la «historia» de Adán y de los «adamitas» no es un relato histórico, sino que presenta —más allá del mito y de la paleontología— un protomodelo siempre actual del ser humano, del pecado y de la gracia de Dios. En las primeras etapas de la teología y de la historia de la fe se entendía a Adán como un individuo histórico en el arranque de la historia, pero la intención de las afirmaciones era explicar desde él la unidad del linaje humano (cf. Hch 17,26; Hb 2,11), sobre todo en el pecado. Prolongando esta línea, el concilio de Trento, de acuerdo con la tradición doctrinal agustiniana, subraya que el pecado de Adán «es por su origen uno solo y, transmitido a todos por propagación, no por imitación, está como propio en cada uno» (DS 1513). — La dogmática actual insiste especialmente en el paralelo Adán-Cristo descrito en Rm 5 y entendido como «antiparalelismo», en cuanto que entre la significación universal del «primer Adán» y del «último» (ἔσχατος), Cristo, existe una relación asimétrica y antitética (v. 1Cor 15,45-48). En el «adamita» Jesús (cf. Lc 3,38) se ha revelado la verdadera imagen de Dios (2Cor 4,4; cf. Col 1,15; Hb 1,3) y el ser humano definitivamente agraciado y sin pecado. En cuanto miembro del linaje humano, Jesús trae a todos la salvación, aunque no todos descienden de él físicamente. No es un segundo fundador de la estirpe, sino el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29; v. Hb 2,11.17); a través del Uno personal llegan la «resurrección de los muertos» (1Cor 15,21ss) y el dominio de la ahora «superabundante» gracia de Dios (cf. Rm 5,16-21). Él es el «Espíritu vivificante» (1Cor 15,45). De parecida manera contrapone el Tridentino la situación creada por el Adán primero a este «estado de gracia y de adopción de hijos de Dios por el segundo Adán» (DS 1524). Gracias a Cristo, el ser humano descrito en la «protohistoria» recibe la salvación y la posibilidad real de plenitud. — En perspectiva dogmática es inadmisible ignorar los aspectos positivos del simbolismo de Adán (p. ej., la ↗imagen y semejanza de Dios, el mandato de la creación, la igualdad de los sexos). Hoy día se registran debates en torno a la existencia de un estadio primitivo libre de pecado, de una situación pecaminosa generalizada heredada, de un hombre pecador entendido como antepasado histórico individual de todos los hombres y de una transmisión de la culpa mediante descendencia biológica. Carece de justificación una concepción androcéntrica de Adán que implique una minusvaloración de la mujer (cf. 1Cor 11,7-12; 1Tim 2,11-14). Se mantiene en pie la enseñanza de que, a la luz de la fe en Cristo, Adán representa al ser humano tal como se le experimenta siempre y por doquier, en toda su grandeza y su miseria.
Alexander Ganoczky
a) Vita Adae et Evae. El interés de judíos y cristianos por la primera pareja humana como origen de la historia (de la salvación) generó una serie de escritos a los que se les puede designar, acumulativamente, como libros-Adán. No se ha investigado suficientemente su interdependencia mutua ni su cronología absoluta y relativa. De la Vida de Adán y Eva (VitAd) existe una versión griega (que C. Tischendorff calificó erróneamente de «Apocalipsis de Moisés») y otra latina, que se basa en la griega, pero con redacción independiente. El original del VitAd puede remontarse al s. I a.C./I d.C., en griego, o también en hebreo o respectivamente arameo. Las redacciones griega y latina se sitúan en torno al 400 d.C.; las traducciones armenia, georgiana y eslava, con reelaboraciones cristianas, son posteriores.
b) Diversos libros-Adán. En dos manuscritos griegos y en las traducciones aramea y eslava de VitAd hay un escrito más pequeño, titulado La penitencia de Adán. Tienen origen cristiano La caverna de los tesoros (es decir, los tesoros del paraíso), conservada en siríaco y árabe, y La disputa de Adán y Eva (etiópica), emparentada con La caverna, que se remonta al siglo XI, pero que contiene material más antiguo. El Testamento de Adán existe en traducción árabe y etiópica y en dos fragmentos siríacos. La redacción griega de este escrito sólo concuerda con un fragmento siríaco y sigue sus propios caminos. Parte de este material ha entrado en el libro samaritano Asatir (s. X-XI d.C.), que abarca desde Adán hasta Moisés. Un fragmento copto de Fayum revela la complicada historia posterior de VitAd.
Ferdinand Dexinger
c) Apocalipsis de Adán, escrito 5 del Codex V de ↗Nag Hammadi, texto setiano-gnóstico anterior al siglo IV d.C. — Adán narra a su hijo Set la caída en el pecado y las revelaciones de tres hombres sobre el futuro de los descendientes de Set y de Noé, la venida del Iluminador (elemento cristiano) en la tercera etapa de la historia (con un excurso sobre su origen a partir de 13 reinos y un linaje sin rey) y la batalla del fin de los tiempos, en la que actuará salvíficamente un bautismo espiritualizado.
Clemens Scholten