Y la Palabra resultó carne,
y plantó su tienda entre nosotros.
y hemos visto su resplandor,
resplandor como el de un hijo único junto a su padre,
lleno de alegría y verdad. (Jn 1,14)
Lectura de la Carta a los Gálatas (Ga 4,4-7)
Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva.
La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abbá, Padre!».
De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.
Salmo 98:
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.