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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Oración: La luminosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo
Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío
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El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.

Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.

Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,

y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó. (Jn 20,2-8)

«Entonces entró también el otro discípulo, vio y creyó». Jesús anuncia en varias ocasiones su pasión, muerte y resurrección a sus discípulos: «Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron para el Hijo del hombre; pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarle le matarán, y al tercer día resucitará.» Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que decía (Lc 18,31-34). Mientras las mujeres tienen miedo, el discípulo amado comprendió la tumba vacía, creyó en las palabras de Cristo. No vio a Jesucristo, no vio su cuerpo resucitado, vio una tumba vacía, una tumba que puede significar muchas cosas, decir a cada uno diferentes palabras, pero para el discípulo amado ese signo débil bastó para que comprendiera a Aquel al que habían seguido y amado.

Señor Jesús que diste a tu discípulo amado el corazón para escucharte a través de una tumba vacía, danos el amor para comprender tus palabras, para ver el cumplimiento de tu obra allí donde no hay nada seguro, donde algo puede ser muchas cosas, pero donde también podemos leerte, leer tu voluntad y tu mano en las vicisitudes de nuestra vida, y entonces, «viendo», creamos. Amén.
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