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El Testigo Fiel
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
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Oración: La luminosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo
El Resucitado parte el pan
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Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.»

Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.

Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24,28-32)

Estos discípulos despistados y tristes, reconocen al Señor cuando este toma el pan y lo parte, con este signo sacramental se les abren los ojos. Pero hay que destacar otra cosa, ese abrir de ojos ante el signo, es solo el culmen de lo que los discípulos venían trabajando para ver, a la par que Jesús trabajaba en sus corazones para que vieran: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Señor, te pedimos que nos des la gracia de saber escucharte, de no sólo hablar mucho, como los paganos, si no también de dar espacio a tu voz y a tus silencios, para que dejemos que nos enamores, nos hables al corazón, nos seduzca tu verdad, tu pasión, tu desbordante misterio y la maravilla de tu amor, para que dejemos encender una zarza en nuestro corazón con tus palabras, y poderte realmente seguir, caminando a tu lado, siempre ofreciéndote nuestras palabras y nuestro oído para las tuyas, como esposo y esposa. Amén.
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