Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.
Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.»
Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. (Lc 24,38-40)
Los discípulos se vuelven a turbar, están incrédulos y asustados, y en vez de ver a Jesús, su maestro, cumpliendo su promesa y la del Padre, «creían ver un espíritu». Pero Cristo les muestra sus llagas, de sus manos y sus pies. ¿Cristo resucitado tiene llagas? Cuando pensamos en la resurrección pareciera que uno de los consuelos es suponer que todos los dolores y sufrimientos de esta tierra se olvidarán, pero Jesús nos enseña otra cosa.. nos enseña sus heridas, las marcas de su dolor y su sufrimiento acompañan al resucitado. Tal vez esto nos ayude a comprender mejor lo que Cristo hizo con el dolor: no vino a eliminarlo, ni si quiera a borrarlo de la memoria, si no a bendecirlo, a hablar ante él, a no doblarse ni callar ante su sin sentido, las llagas de Cristo resucitado nos ayudan a ver con otra luz el sufrimiento, de tal manera que en la resurrección, no solo no será olvidado, si no que será parte de nuestra gloria, marca visible de la victoria de Cristo y su pasión, de nuestro seguir a Cristo y luchar por amor a la misma vida, sin importar las heridas en nuestro cuerpo y espíritu.