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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Oración: La luminosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo
Jesús da a los apóstoles el poder de perdonar los pecados
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Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» (Jn 20,21-23)

Esta escena nos recuerda otra del Evangelio, aquella en la que Jesús dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Estas palabras que engendran incredulidad y odio entre algunos: «¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»

Pero no sólo él, como Hijo, demuestra ese poder, sino que, resucitado, lo entrega a unos hombres; ¡qué mayor muestra de que no somos ya esclavos sino hijos, cuando ata a unos hombres, a su iglesia, el divino poder de perdonar y dar la vida!

Señor, tú que has venido a salvarnos para que tengamos la vida en abundancia, concédenos la gracia de recordar que nuestra misión como cristianos no es la de salvarnos, si no de acompañarte en tu deseo de que todos se salven, trabajar en tu misión, porque tenemos la alegre convicción de que tú cuidarás nuestro fin, de que no se puede querer salvar sin antes amar... y que en el amor a tu Palabra y tu compañía esperamos la salvación solo en ti. Amén.
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