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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 08-nov-2010, 07:48:47

Qué bonito es el platonismo!

Para el platónico, el hombre se libera de sus cadenas y asciende a la iluminación. Pero la realidad es que es Dios quien ha descendido hasta nosotros y nos ha liberado de nuestras cadenas.

id: 55324
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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 08-nov-2010, 18:47:56

No sé si Platón quería alcanzar el Nirvana o algo equivalente. Pero por escribir este mensaje he hecho tarde al trabajo hoy. Lo cierto es que la gnosis la tenía ubicada en otra corriente. Pero si tú lo dices...

Solo que me parece que tu formación es platónica aunque tengas una buena base teórica de tomismo, como mandan los cánones y para no desentonar notoriamente.

Una vez un sacerdote (que me estaba dando una clases caóticas de no sé qué ) me decía que faltaba algún académico que conciliara el platonismo con el aristotelismo, algo así como una especie de piedra filosofal pero universitaria. Ante mi asombro le conté un cuento sobre las edificaciones y se fue corriendo. Supuse que era de los platónicos y que en el fondo de su ser clamaba por liberarse de ello.

Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro sirven de mucho. Me acuerdo ahora de una película que si no recuerdo mal se titula "El reino de los cielos", donde de entre los católicos, los buenos eran aristotélicos y los malos, platónicos.

Hace unos meses me enteré de, pues alguien hablaba de, el 'idealismo objetivo'. Y me dije: tate! genio y figura hasta la sepultura! La Humanidad camina inexorablemente hacia el abismo.

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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.

id: 55327
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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 08-nov-2010, 20:30:49

Pues no tengo ni formación patónica ni tomista. Más bien, no tengo formación académica oficial. Soy un curioso de la Doctrina católica en cuanto me sirve para apuntalar mi fe en la oración, y que ahonda en el Magisterio (Catecismo, Encíclicas, Detzinger, etc.) a tal fin, y recién intento empezar a ahondar con seriedad en la Patrística. Creo que en todo ello hay una profunda sabiduría que arranca de mi Señor Jesucristo y del Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena.

Claro que en este proceso de oración y libre estudio he llegado a adoptar posturas y lenguajes que alguien más versado podría calificar de "tomismo". Pues ea, bien. En el magisterio pontificio moderno se consagra la filosofía tomista como la filosofía cristiana, algo así como el canto gregoriano de la filosofía (Aeterni Patris de León XIII). Mi aversión a la filosofía es cavernaria (es lo más platónico que puedo decir de mí) y prefiero quedarme amordazado y apaleado en el fondo de la caverna, a si quiera buscar en wikipedia qué signifique eso de "idealismo objetivo", porque estas cosas me dan pavor y no me interesan.

Sólo pude hacer un año de carrera de filosofía porque la amo tanto como la odio. Aporta más preguntas que respuestas, y tal vez sea un cavernícola, pero no me interesan las preguntas. Son una forma encubierta de crearte una necesidad y venderte un producto. Esto lo aprendí trabajando de comercial. Sin embargo, cuando uno lee la Suma Teológica, tan ancha y tan simple, uno ve una sucesión de preguntas a cual más retorcida, autoaniquilándose y autoapuntalándose. Un vendedor tomista se vería obligado a la mendicidad, porque uno no puede vender una moto mientras la descacharra hasta la última tuerca delante del cliente y le invitas a construir la suya propia.

Me gusta el tomismo porque da un lenguaje asequible, humano a un discurso filosófico, dentro de todo lo inhumano que es en sí misma la filosofía.

Pero mi interés es la Doctrina, como ya digo, en cuanto sirve a fe orante y a la comprensión más cabal de nuestra vocación cristiana. Lo del pelagianismo en realidad es una gran suerte, porque en su día nos valió las más claras consideraciones acerca de la primacía de la gracia. Y todo lo que he afirmado está bien sostenido por el Magisterio, y si te fijas, es lo más antiplatónico que puede existir:

Can. 3. Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol, que dice lo mismo: He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban [Rom. 10, 20; cf. Is. 65, l].

Can. 4. Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo que por Salomón dice: Es preparada la voluntad por el Señor [Prov. 8, 35: LXX], y al Apóstol que saludablemente predica: Dios es el que obra en nosotros el querer y el acabar, según su beneplácito [Phil. 2, 13].

Can. 5. Si alguno dice que está naturalmente en nosotros lo mismo el aumento que el inicio de la fe y hasta el afecto de credulidad por el que creemos en Aquel que justifica al impío y que llegamos a la regeneración del sagrado bautismo, no por don de la gracia —es decir, por inspiración del Espíritu Santo, que corrige nuestra voluntad de la infidelidad a la fe, de la impiedad a la piedad—, se muestra enemigo de los dogmas apostólicos, como quiera que el bienaventurado Pablo dice: Confiamos que quien empezó en vosotros la obra buena, la acabará hasta el día de Cristo Jesús [Phil. 1, 6]; y aquello: A vosotros se os ha concedido por Cristo, no sólo que creáis en Él, sino también que por Él padezcáis [Phil. 1, 29]; y: De gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, puesto que es don de Dios [Eph. 2, 8]. Porque quienes dicen que la fe, por la que creemos en Dios es natural, definen en cierto modo que son fieles todos aquellos que son ajenos a la Iglesia de Dios.

Esto está tomado del II Concilio de Orange. Se puede consultar fácilmente en el Denzinger, disponible completo en muchísimas páginas de Internet y fácilmente localizable en Google. Todo esto viene al pelo de la pregunta inicial del tema:

«La tentación de transformar el cristianismo en moralismo y de concentrar todo en la acción moral del hombre es grande en todos los tiempos. (...) Creo que la tentación de reducir el cristianismo a moralismo es grandísima incluso en nuestro tiempo (...) Dicho de otro modo, Agustín enseña que la santidad y la rectitud cristianas no consisten en ninguna grandeza sobrehumana o talento superior. Si fuera así, el cristianismo se convertiría en una religión para algunos héroes o para grupos de elegidos.» (RATZINGER, J. «Presentación del libro El Poder y la Gracia. Actualidad de San Agustin» en 30 Giorni, n. 5, 2005).

¿No estamos preguntándonos acaso por qué los santos nos parecen héroes pretéritos de una época-dorada-de-santos?

Hay que señalar además que San Agustín fue el gran inspirador de la búsqueda de la primacía de la gracia contra la muy extendida herejía pelagiana, que es una forma de "gnosis" voluntarista. Y contra muchísimos eclesiásticos de su tiempo, cabe decir. Y sin embargo, fue después San Agustín el sustrato doctrinal para los subsiguientes concilios, donde la Iglesia redescubrió el esplendor del poder de la Gracia de Dios. Y también señaló San Agustín a los semipelagianos como católicos de bien pero tentados al voluntarismo. Benedicto XVI ha advertido en alguna catequesis que ahora no logro encontrar sobre el pelagianismo, que no está tan alejado en la historia como pensamos. Nada nuevo hay bajo el sol. Y estoy seguro de que en esta Reforma en la que insta a confirmar a sus hermanos en la fe, tiene muy presente esta cuestión.

El gnosticismo afirma un camino de ascensión gradual a través del conocimiento. El pelagianismo, a su modo, sostiene lo mismo pero por vía de la voluntad. El resultado de un planteamiento ascensional de la vida humana es la construcción de una aristocracia espiritual, de una secta de puros y sabios en la que se restringe el acceso a los no-coherentes, a los ignorantes, a los que están caídos. Es esencial al gnosticismo que la razón termine regulando el contenido de la fe. Dicho de otro modo, el estupor ante la Persona de Jesús, el estupor que realmente conmueve la vida, se suprime metodológicamente por un conjunto de parámetros formales que son propuestos como camino de perfección y como mediación adecuada entre la persona humana y Cristo. («Racionalidad y cristianismo en el discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona. Rodrigo Guerra López, director del Proyecto «Centro Karol Wojtyla para la investigación social avanzada» y miembro de la Academia Pontificia para al Vida (12 de septiembre de 2006).

Hermosa definicióin de qué es la fe:

"Sólo la visión de fe logra la síntesis entre la radical entrega de sí mismo y la plena confianza en la acción de Dios, evitando así tanto el quietismo como el pelagianismo."

Conferencia de Aparecida

Horacio Valenzuela A, Obispo de Talca, Chile

id: 55328
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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 08-nov-2010, 21:19:03

En el camino a la sabiduría o de la santidad, es un fase muy incipiente.

Puede que sea una fase que no acabara nunca, pues uno (cada cual) tiene la propiedad de alargarla ad infinitum. Algo así como un complejo de Peter Pan.

Y en esa fase incipiente, estás en un momento incipiente pues aún te mareas demasiado.

Pensar en teórico es lo que tiene: aisla de la Realidad.

Afortunadamente, no es necesario llegar a una corrección de pensamiento doctrinal o filosófica para salvarse. Basta con hacer algo de provecho en la vida. Y espero que llegues a darte cuenta que la Doctrina católica y los artículos de la Fe no sirven para tanto en la oración.

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Benedicto XVI.

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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 08-nov-2010, 21:26:11

Todo un dilema. Disculpa el desbarre. :P

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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 08-nov-2010, 22:24:30

Los que hablan de "aún" parece que hablan desde la voz de la experiencia. Ésta es, ante la santidad de Dios, otra visión deformada y ascensional de la vida que está muy lejos de la realidad.

Conocer la doctrina católica ayuda mucho, como afirman abundantemente los Papas que nos instan siempre a formarnos. Cuando iba a a confesarme y el sacerdote me decía "da en primer lugar gracias a Dios, que te ha movido a venir a este sacramento", yo pensaba "ahá, sí, qué bonito", pero más como una especie de metáfora que como una realidad.

Conocer la doctrina católica, más que ayudar a la oración, nos la explica y nos la facilita, al entenderla no ya como algo que hago porque quiero e intento alcanzar algo, sino que es una iniciativa de Dios que mueve mi fragil voluntad porque quiere hablar conmigo. La cual nos la facilita ya que nos hace crecer en la virtud de la esperanza que nos regocija en el diálogo con un Padre que no puede vivir sin mí y sin ti y que nos da sus bienes espirituales antes de que ni siquiera pensemos en ellos.

Eso es lo esencial de un santo, y es común a todos los que estamos escribiendo en este tema. Así que, ¿realmente estamos tan lejos de la santidad como a veces pensamos?

id: 55332
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Re: Un dilema
por: Abel (95.124.69.---) - 08-nov-2010, 23:27:30

No consigo seguirlos.... aunque concuerdo fundamentalmente con lo que dices, Paraservir, está la cuestión práctica: yo quiero ser santo y le pregunto a los santo cómo se hace eso, entonces ellos me reponden con:

-Una serie de normas prácticas que no me sirven, porque no viven ni en mi época ni en mi situación.

-Una interpretación doctrinaria que siempre es parcial, y que suele encontrarse opuesta en otro santo.

-Una serie de normas morales que tienen la gracia y la desgracia de todo lo moral: habla en general y nunca llega al "aquí y ahora" en el que vive cada hombre...

etc....

Es decir, muy lindo la definiciónd santodad como dejarse llevar por la gracia, la comparto, sé que es eso. Pero eso no responde a la humanísima pregunta de "qué será lo mejor que puedo hacer yo, en este momento, en esta situación?"

Ni Jesús quiso contestar a esas preguntas demasiado concretamente, sinoq ue cuando el joven rico le fue con esa necesidad concreta, Jesús le salió con una especie de ironía trascendental: "Vem, vende todo los que tienes".

Si uno se toma esa frase con seriedad, no hay posibilidad para nadie en este mudno, porque nunca lograremos desprendernos de todo, del todo absoluto del que habla Jesús en esa frase.

Se cuenta que san Antonio el grande recibió del gran san pablo el ermitaño en herencia la túnica de hojas de palmera (horriblemente sucia, obviamente, porque es la que el santo usó en su vida), y la guardaba para usarla en las grandes ocasiones.

Fuera del guarrismo del asunto, que mencionaba Maite en algún mensaje, y que como dice Butler "la vida en sociedad desaconseja algunas prácticas ascéticas...", la túnica de palma, así sea lo más pobre de entre lo más pobre, es una posesión. Y no es baladí el que esa posesión se use "en los días de fiesta", porque no es el valor monetario loq ue la hace posesión, sino el hecho de estar ligado a ello y no abiertamente desprendido.

Te pongo este ejemplo, porque incluso los más desprendidos entre los más desprendidos (nada menso que san Antonio el grande) han entendido la frase de Jesús de una manera no absoluta. Yo llamo a eso "ironía sacra", porque entiendo que Jesús manda un imposible para que nos aleccionemos de que sólo él nos puede abrir ese camino de la santidad, y no nada que hagamos nosotros, aun lo más virtuoso.

Pero todo esto iba a que la cuestión práctica, la pregunta práctica, es inevitable, y merece su tratamiento, no basta con indicar que la gracia hará las cosas a su tiempo, porque yo tengo que obrar hoy, no "a su tiempo".


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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)

id: 55335
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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 08-nov-2010, 23:58:08

Ni Jesús quiso contestar a esas preguntas demasiado concretamente, sinoq ue cuando el joven rico le fue con esa necesidad concreta, Jesús le salió con una especie de ironía trascendental: "Vem, vende todo los que tienes".

Cierto, pero después envió al Espíritu Santo para decirnos todo lo que debemos hacer. ¿Qué hay que hacer aquí y ahora? ¿Qué tienes que hacer tú? ¿Qué tengo que hacer yo? Muy concreto. Y bien, he aquí el quid de la cuestión.

Preguntarle a Dios. Dice una amiga mía que si quieres conocer la voluntad de Dios, tienes que hacerte disponible. ¿Muy genérico, nada concreto? Pues vamos a concretarlo más.

Dios, todo lo obra. Yo, todo lo recibo. Lo que hago no son mis obras, son las obras del Padre. Ésa es la santidad. ¡Vaya, aún más bonito y platónico!

Concretemos. ¿Qué puedo hacer para preguntarle a Dios? Orar. Bien, si oras, Dios ya ha dado el primer paso moviéndote a orar. Segundo, ¿qué le pregunto? Qué he de hacer. Bien, segundo paso: Dios te da un alma dispuesta a hacer su voluntad, ¡no es poco, y muy concreto, es mucho! ¿Cuál es su voluntad? Ahí nos elevamos como globitos. Puede que conteste de inmediato, o puede que no. Entonces, viene el gran azote de los herejes y santo de los verdaderos santos, los pobres de espíritu, Agustín, y nos dice: «Señor, dame fuerza para lo que me pides, y pídeme lo que quieras»

¿Qué pide Dios? Lo que yo le pido. Porque no lo pido yo, lo pide Dios. Que no me deje caer en la idolatría de mi propia buena voluntad, que sea siempre y en todo caso, ante la duda, siervo inútil, y que sea la ESPERANZA, la virtud olvidada, la que nos haga ESPERAR las obras de Dios. No las que quiero hacer, ni la que me va a inspirar, sino las que estoy haciendo ahora mismo porque CREO.

Dios nunca ha dado a nadie la certeza absoluta de que las obras que hace son santas y meritorias, que son obras de la voluntad de Dios operando en su alma. No. Los cristianos hemos reducido la virtud de la esperanza a, bueno, "estoy en gracia, puedo comulgar". Porque tampoco tenemos certeza de estar en gracia. Es la esperanza. Pues bien, la Esperanza es aquí el factor fundamental, concreto, real, ahora mismo, que me dice que lo que yo hago, no lo hago porque yo lo quiera, sino porque Dios me lo pide. No que por proponerme una buena obra, una buena empresa, Dios me vaya a dar su gracia para llevarla a cabo. No. Sino que la llevo a cabo porque espero en Dios en todo momento, que me da su gracia y guía mi vida.

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Re: Un dilema
por: Abel (81.203.134.---) - 09-nov-2010, 07:53:05

Cierto, pero después envió al Espíritu Santo para decirnos todo lo que debemos hacer.

Juan pone esta interesante frase en el discurso de Jesús (16,13): «Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.»

Bo creo que lo que Jesús no dijo con toda claridad venga el Espíritu a emmendallo. es decir, esa forma que planteas de revelarse el Espíritu no creo que sea la "praxis de Dios". Si no sería un viva la pepa, se acabó la confusión en la condición de este mundo, ¿cómo haríamos el mal que no queremos y querríamos el bien que no hacemos, cómo caeríamos siete veces al día (eso supuestoq eu estemos recién levantados -sea de la cama o del pecado- si tuviéramos esa guía que tú planteas?

Te felicito si es tu experiencia, yo no tengo esa misma experiencia, sino que cuando escucho palabras de Dios, a la vez me guían y me confunden, me llenan de anhelos, de exigencias, de exigencias, y de revelación sobre mi imposible condición.

No critico a Jesús por no habernos dado una guía estilo el «para salvarte» (para eso Dios mandó a los jesuitas y sus imitadores), y lo siento si lo que dije pareció una crítica al estilo usado por Jesús. es más, no aceptaría otro estilo que el de él, por eso sé que el Espíritu habla como él, porque no habla por su cuenta sino sólo lo que oye.

Oraciíon, disposición a recibir la gracia, audición de la Palabra... ¡claro, por supuesto! pero luego, tras eso, un mar revuelto donde no creo que tenga respuesta la pregunta "¿qué debo hacer?"

(quiero aclarar, por si alguno espera otra cosa, que sólo dije que la cuestión merecía tratarse, no que tuviera respuesta, y mucho menos que yo supiera cuál es esa respuesta)

Querría ejemplificar esto con la historia de una santa, mejor dicho, con el modo de contar la historia de una santa, pero ahora mismo no la encuentro.


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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)

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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 09-nov-2010, 08:16:52

Fe, caridad. Las dos virtudes teologales. :-D

Oraciíon, disposición a recibir la gracia, audición de la Palabra... ¡claro, por supuesto! pero luego, tras eso, un mar revuelto donde no creo que tenga respuesta la pregunta "¿qué debo hacer?"

La verdadera respuesta ha comenzado antes de que formules la pregunta. La respuesta es la pregunta. La respuesta es la vida misma de quien ama y espera en Jesucristo.

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Re: Un dilema
por: Kanbei (213.37.37.---) - 09-nov-2010, 08:52:24

¿Qué quiere Dios de mi? Muy probablemente algo muy distinto a lo que yo creo que Dios me pide, pues cuando creo que voy por buen camino, me encuentro de repente que no era eso (no sé si era Duns Scoto el que decía eso de "si crees que es Dios, no es Dios" ). Incluso cuando creo a ciencia cierta de que Dios me ha pedido algo, debo andarme con cuidado porque quizá el que me lo esté pidiendo sea el diablo o mis propios deseos inconscientes (de hecho los santos han tenido casi siempre por regla general a alguien que les ayude a discernir si algo proviene de Dios o no), pues es muy fácil autoengañarse, sobre todo con la mejor de las intenciones que siempre nos disculpa y nos ofrece un pretexto.

Creo que la oración nos abre al misterio de Dios, nos permite "sintonizar" el corazón con el Suyo, y de esta manera más que recibir mensajes sobre qué quiere Él, permanecemos alerta ante las señales que nos envía indicando que no vamos por buen camino...y mientras tanto, vamos tanteando a oscuras orientados de vez en cuando por un leve destello de luz que nos indica el final del camino (final al que muy probablemente no llegaremos en esta vida).

Así al menos lo entiendo yo.

Un abrazo.


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Re: Un dilema
por: Abel (81.203.134.---) - 09-nov-2010, 09:01:45

ah, cómo me gustó eso...


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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 09-nov-2010, 09:28:39

Kanbei,

Suscribo todo lo que dices. Déjame apuntar dos cosas:

de hecho los santos han tenido casi siempre por regla general a alguien que les ayude a discernir si algo proviene de Dios o no

Se llama dirección espiritual. Tú estás en tu derecho, y como laicos todos deberíamos tener una dirección espiritual. Generalmente se da con el confesor regular, pero puedes también disponerte con una persona específica para que te ayude a discernir. NO que te diga cuál es la voluntad de Dios (pa eso mejor una secta), sino que te ayude a que tú disciernas y revises objetivamente tu relación con Dios.

Incluso cuando creo a ciencia cierta

Si es a ciencia cierta, ya no es creer, sino presunción, el pecado contra la esperanza :P En el obrar andamos en la esperanza,la segunda virtud teologal, que es la SUSTANCIA, lo palpable y concreto, de lo que creemos por fe. La esperanza no defrauda, la fe... A veces no es fe, como dices:

debo andarme con cuidado porque quizá el que me lo esté pidiendo sea el diablo o mis propios deseos inconscientes

Esto me suena a algo que (creo) que proviene de la tradición jesuítica y es el llamado discernimiento de espíritus. Creo que está en los Ejercicios Espirituales. Es un tema muy interesante como para ahondar en ello, la verdad, si alguien se anima.

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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 09-nov-2010, 09:35:17

“Por discernimiento de espíritus se significa el proceso por el cual nosotros examinamos, a la luz de la fe y en la connaturalidad del amor, la naturaleza de los estados espirituales que experimentamos en nosotros y en los demás. El propósito de tal examen es decidir lo más posible cuáles de los movimientos que experimentamos nos llevan al Señor y a un servicio más perfecto de Él y de nuestros hermanos, y cuáles nos apartan de este fin... Cuando hablamos de connaturalidad del amor nos referimos a un conocimiento de fe y amor, es decir, no se trata tanto de un razonamiento y de un análisis, sino de ese conocimiento que procede de la experiencia de alguien a quien amamos .“ (Thomas H.. Green. La cizaña en el trigo, Narcea, 1992, p. 51).

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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 09-nov-2010, 18:25:49

Paraservir, lo que muestras es un puzzle. Son los ingredientes: cuécelos.

Por cierto, nadie está negando nada de lo que dices, ni refutando ni contraargumentando, sino te indicamos que es insuficiente.

Eso que decías del "aún" no es por nadie de nosotros. Sólo tienes que leer lo que algunos santos canonizados (por si el sello de garantía te sirve ) han dejado de su experiencia. Supongo que tu director espiritual también te dirá que aún tienes mucho camino por recorrer.

Aquí tienes un buen campo de entrenamiento.

Nota: Por cierto, sigues siendo anónimo. No creo que en tu oración te escudes en el anonimato. Que para servir, servir.

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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.

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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 09-nov-2010, 18:44:32

Mi aversión a la filosofía es cavernaria

Así no se pasa de ser un doctrinólogo y la oración no llega a diálogo con Dios por esa vía.

Si me permites ilustrarte esto con un ejemplo más gráfico, sería como un físico que siente repulsión por las matemáticas. O un ingeniero que odia la física. O un médico que no traga la biología.

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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 09-nov-2010, 20:18:40

y la oración no llega a diálogo con Dios por esa vía

La oración es algo mucho más sencillo y natural de lo que piensas.

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Re: Un dilema
por: Gerard (188.85.15.---) - 09-nov-2010, 21:32:18

Vaya por Dios!

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Re: Un dilema
por: Abel (95.125.215.---) - 09-nov-2010, 22:59:34

Por razones que, para los que me conocen, pueden resultar obvias, pero no está demás que las explique un poco más en general, no sólo me interesa la santidad y cómo llegar a ella... digamos que más que interesarme como un tema más, me importa vitalmente; pero no sólo, sino que también me parece importante el discernir cómo «contar la santidad».

Para quien la vive, la santidad es seguramente una participación (ambigua en este mundo, plena en el otro) de la vida divina, pero para los demás, para nosotros, la santidad de esa persona es un relato, algo que se nos cuenta y que contamos. Por eso el dilema con el que abrí este hilo; porque de ese relato dependerá nuevas actitudes concretas, dependerán nuevas santidades, el modo como se moldeen nuevos caminos concretos, personales, de santidad. Incluso el discernimiento que ayude a hacer un director espiritual depende de esa «santidad contada» en una tradición concreta. Al respecto es muy interesante el momento de la «Vida» de santa Teresa (la de Ávila) cuando menciona cuánto la «retrasaron» en su conversión los confesores que, por ignorancia, no sabían decirle lo grave que era la mediatinta en la que se movía como religiosa novata.

Por eso no me gusta mucho la idea de un Espíritu Santo que te dicta de manera directa al alma, es decir, no es que no me guste, sino que no creo en esa idea, más bien el proceso es mucho más complejo (y también más rico), el Espíritu Santo habla entremezclado en esas voces de una tradición de santidad narrada, donde a la vez que escuchamos muchas líneas cruzadas (esa idea de choque entre santos que tanto me gustó en el mensaje de Ecasez), vamos discerniendo una propia.

Quizás se haga un poquito largo, pero me gustaría poner el ejemplo de un «relato de santidad» que tenía que seleccionar ayer para la beata Carmen del Niño Jesús González Ramos, viuda y fundadora española, beatificada por Benedicto XVI hace muy poco, así que los relatos que hay son escasos y recientes. Y de paso al poner ejemplo, en estos últimos minutos del día 9, la homenajeo en su día.

Los hechos son que ella quiere casarse con un hombre varios años más grande que ella, finalmente a los 22 años se casa, y lo pasa bastante mal en su matrimonio, hasta que él se convierte, y luego vive sólo dos años más, y ella al enviudar funda una congregación religiosa adscripta a los franciscanos.

Como ven, cuento los hechos evitando toda valoración, así que no es un relato sino una mera enumeración, la lista de la compra. Ahora veamos un relato de santidad:

«Tuvo que afrontar serias dificultades a la hora de las grandes opciones de la vida: primero, la oposición de sus padres ante un posible matrimonio contrario a las garantías que don Salvador (el padre de Carmen) deseaba para su hija; más tarde, ante el propósito de ingresar en las Carmelitas Descalzas, disgusto, contrariedad y nueva oposición de los suyos. Carmen se mantuvo firme, poniendo su fe y su confianza en Dios. Don Salvador veía que Carmen tenía algo especial, que no era como todas; por ello repetía frecuentemente: «Mi hija es una santa».

Al fin, a impulsos del amor que fuertemente latía en su corazón, pero no a ciegas sino convencida de que Dios lo quería y la llamaba a una misión, Carmen, a los 22 años, salta todos los obstáculos y contrae matrimonio con Joaquín Muñoz del Caño, once años mayor que ella, cuya conducta tanto preocupaba, y con razón, a don Salvador.

Aquel matrimonio fue la piedra de toque para descubrir el temple espiritual, la fortaleza y la capacidad de amor de Carmen. Comulgaba diariamente; de la Eucaristía sacaba fuerza, entereza, caridad y sabiduría para penetrar, con la profundidad con que lo hacía, el sentido de la vida espiritual.»

Éste es otro relato sobre lo mismo (fue, aunque no muy convencido, el que elegí para ETF):

«A los 22 años, segura de que hace la voluntad de Dios, contrae matrimonio con Joaquín Muñoz del Caño. Comienza una etapa larga y difícil en la que Carmen da pruebas de magnanimidad y fortaleza sostenida por una fe intensa y una caridad heroica.»

Por supuesto, hay más narraciones posibles. En los dos puse en negrita las claves de inflexión del relato, dónde se nos ha «interpretado la santidad»:

En el primero: el matrimonio mismo es la misión querida por Dios, y Carmencita, que es santa desde el principio, no realiza ningún crecimiento en la santidad sino que la tiene ya toda junta (las palabras del padre, 'mi hija es una santa', expresan en realidad al narrador), discierne con certeza y sin error que ese matrimonio es lo que Dios quiere. Por tanto la mala expeeriencia del matrimonio no hizo nada en Carmencita, sino que sólo sacó a relucir lo que ya estaba: su temple espiritual.

En el segundo relato, en cambio, hay un poco más de hunanidad. Sin atreverse a más, al menos deja la convicción de Carmen en una certeza interior inmotivada, sin hacer de eso una llamada de Dios, sino algo que puede ser incluso un error, aunque el hagiógrafo en última instancia la disculpa a Carmen por haber obrado todo con buena voluntad (segura de...)

Quizás debemos animarnos a contar la santidad con un poco más de sintonía con un ser humano que se siente dudoso, zarandeado por una vida que nunca le da pruebas concretas de que ha hecho lo correcto. Se podría haber dicho que Carmencita se empecinó en un matrimonio que no era lo mejor para ella, pero que, dado que Dios escribe recto con renglones torcidos, finalmente Dios mismo supo sacar de ella lo mejor, templando su carácter en la donación de sí misma, preparándose así a la misión que le tenía encomendada como religiosa,... etc. O incluso llegar a fórmulas más osadas, como destacar la contraposición entre lo que Dios le tenía elegido y lo que ella elige, y cómo se produce en la vida de Carmen un tira y afloje entre su propia voluntad y la de Dios.

En fin, como ven, ante un mismo hecho de santodad realmente hay mucho para decir.


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Re: Un dilema
por: Paraservir (i) (62.42.93.---) - 09-nov-2010, 23:42:29

Una voz dice: «¡Grita!» Y digo: «¿Qué he de gritar?» «Toda carne es hierba y todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita, se seca la hierba, en cuanto le dé el viento de Yahveh (pues, cierto, hierba es el pueblo). La hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por siempre. Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén, clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: «Ahí está vuestro Dios.» Ahí viene el Señor Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo. Ved que su salario le acompaña, y su paga le precede.

Isaías 40, 6.

Perdón con el offtopic. Luego leeré con calma la anterior aportación.

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