Quizás debemos animarnos a contar la santidad con un poco más de sintonía con un ser humano que se siente dudoso, zarandeado por una vida que nunca le da pruebas concretas de que ha hecho lo correcto.
Los santos, en resumen, viven de la Esperanza, no de pruebas. Yo creo que no hay que abandonar en absoluto la clave sobrenatural, sino darla a entender mejor. Cuando se narra la vida de un santo, no se está haciendo una biografía, sino explicando una acción de Dios enteramente gratuita. Esta acción de Dios tiene que llevarnos siempre a contemplar la Esperanza como el elemento sustancial sobre el que se funda la vida moral del cristiano; o como la vida moral misma del cristiano, vida de carácter sobrenatural.
Si suprimimos de la narración la Esperanza, se estará falseando la historia, y sólo veremos eso: un ser humano dudoso y zarandeado. Lo cual es cierto pero incompleto y no narra la santidad de esa persona, sólo la describe en su efecto humano. Los santos no son ejemplos al modo "místico" oriental, santos de entre líneas. Son gente que vivió en gracia y se dejó transformar por ella gracias a la acción de los sacramentos y la predicación de la Palabra.
Gente muy pecadora que se hizo violencia espiritual para cumplir a rajatabla lo que sólo Dios podía hacer en ellos desde su abandono pasivo en la voluntad transformadora y operante de Dios.
Y que finalmente aprendieron el abandono: ya sea un abandono místico y contemplativo, o un abandono entre sus muchos quehaceres, pero siempre sustentado en la Esperanza.
Porque al alma que Dios da luz de la verdad, las tentaciones y estorbos que pone el demonio la ayudan más; porque es Su Majestad el que pelea por ella (SANTA TERESA, Fundaciones,11,7).
Este la tiene clara.
Imagino tiene reservada ya la pag 368 del martirologio del futuro.
Este la tiene clara.Imagino tiene reservada ya la pag 368 del martirologio del futuro.
Es una "aspiración" ("") lícita para cualquier hijo de Dios, ¿no?
Siempre que tu (mi, nuestro) empeño no sea tanto aparecer en el martirologio o en las estampitas, como lo que eso conlleva, independientemente de que luego te pongan una aureola en la cabecita y una ramita en la mano.
No tengo sentido del humor, ¿verdad?
Yo creo que no hay que abandonar en absoluto la clave sobrenatural, sino darla a entender mejor. Cuando se narra la vida de un santo, no se está haciendo una biografía, sino explicando una acción de Dios enteramente gratuita.
Eso por supuesto. Sin embargo la cosa no es tan fácil en la práctica; y la prueba de que no es fácil es que a lo largo de la historia el género propio de la narración de «vidas de santos», la hagiografía, ha tenido que luchar a brazo partido siempre con alguna clase de deformación.
Nosotros nos sorprendemos hoy de cómo se creían las leyendas hace unos siglos. Hoy la deformación de la vida de santos no es la leyenda, pero posiblemente sea el panegírico. Baste tomar, por ejemplo, el sitio del Vaticano, la sección dedicada a los santos y beatos recientes, y se verá que hay muy poca hagiografía, y muchísimo panegírico. Y eso si no contamos que como le dan a redactar el texto a la congregación, orden, diócesis, etc. a la que haya pertenecido el nuevo beato o santo, si se trata de alguna pequeña institución (como puede ser una congregación) suelen aprovechar para un descarado pase de publicidad institucional, más pensado en captar vocaciones que en contar cómo actuó la gracia en el fundador.
«La congregación cuenta ahora con 50 casas en distintas partes del mundo, y las Hermanas se reparten su tarea....» ¡me parece estupendo, pero estábamos hablando de la fundadora...!
Y no lo digo circunscribiendo la "crítica" a que el sitio es del Vaticano, sólo lo pongo como ejemplo notable, pero el panegirismo, y el confundir la gracia con el éxito está en muchísimas vidas de santos, dentro y fuera del sitio del Vaticano.
A veces me pasa, al seleccionar textos para el santoral, que copio el de la congregación (vamos a suponer), empiezo a quitar todo lo que es panegírico del fundador y propaganda vocacional, y me quedan cinco líneas que no son hagiografía sino dato biográfico, con tan pocos elementos para "saltar" a una hagiografía que, o invento, o copio el dato puro para que se conserve, y ya se apañará the next generation... Hago esto último, claro.
Ya cuando empiezan con «nacio en un hogar muy cristiano...», mi cerebro hace click, y pasa al siguiente.
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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)
Nosotros nos sorprendemos hoy de cómo se creían las leyendas hace unos siglos. Hoy la deformación de la vida de santos no es la leyenda, pero posiblemente sea el panegírico.
Pues vuelvo con mi falacia de reductio ad pelagio :D Me quedo con los santos que mataban dragones a los panegíricos tan comunes que nombras. Son los signos de los tiempos de una Iglesia donde, uy, somos unos pérfidos tentados con el moralismo, el corporativismo, el institucionalismo.
En fin, un vacío espiritual fruto de una escasez de predicadores y de receptores, que nos lleva a desesperar de todo lo que no sean nuestros mínimos reductos mentales, hasta el punto de darse ridiculeces como ésta: http://.www.youtube.com/watch?v=7chE2TANNc4 .
Ya cuando empiezan con «nacio en un hogar muy cristiano...», mi cerebro hace click, y pasa al siguiente.
Es ridículo, francamente. Sobre todo por el aire idílico y pasteloso (santidad conceptualizada) que envuelve la historia del santo en pañales dorados.
No sé por qué se ha mezclado en enlace al cura flogger con la siguiente cita, pero va por separado.
Solucionado. Va mal el lector automático de links, pero nunca tengo tiempo de repararlo, si le pones al final del link un espacio y escribes otra cosa (por ejemplo un punto, funciona bien.
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«Si Dios no glorifica al hombre, la gloria de los hombres no tiene ninguna consistencia» (Abba Sisoes)
panegírico, ca.
(Del lat. panegyrĭcus, y este del gr. πανηγυρικός).
1. adj. Perteneciente o relativo a la oración o discurso en alabanza de alguien. Discurso panegírico. Oración panegírica.
2. m. Discurso o sermón en alabanza de alguien.
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Para servir: no problema con la falta de sentido del humor.
Es la seguridad que despliegas en los modos, la que resulta desconcertante.
Bueno esto es un foro de debates. Yo creo que siempre se PRESUPONE que todo está sujeto a opinión, de lo contrario, cada uno escribiría en su blog y no en un foro. Claro, además es un foro católico, entonces nos iluminamos con la Verdad: la Escritura y el Magisterio de la Iglesia. Cada uno con lo que ve y entiende para así iluminarnos más. No vengo predicando ni dictando nada, sino tratando de ser generoso y objetivo con mis aportaciones sin personalismos.
Ah
Los santos, en resumen, viven de la Esperanza, no de pruebas. Yo creo que no hay que abandonar en absoluto la clave sobrenatural, sino darla a entender mejor. Cuando se narra la vida de un santo, no se está haciendo una biografía, sino explicando una acción de Dios enteramente gratuita. Esta acción de Dios tiene que llevarnos siempre a contemplar la Esperanza como el elemento sustancial sobre el que se funda la vida moral del cristiano; o como la vida moral misma del cristiano, vida de carácter sobrenatural.
Viven de esperanza, de fe y de caridad, pues la esperanza no se puede sostener por sí misma sin las otras dos virtudes. Es sostenida por la fe porque tenemos la necesidad de confiar en Alguien que nunca falla, y que permite tener esperanza allí donde no hay esperanza (por eso, porque Dios nunca defrauda). Es sostenida por la caridad porque necesita acoger un amor incondicional y gratuito, que no dependa de lo que hagamos o dejemos de hacer (podemos tener esperanza porque Dios siempre nos acompaña, y no tener miedo al futuro porque Dios está en él).
Por otro lado la santidad no siempre se manifiesta de manera "moral" (aunque ciertamente una fe sin obras está muerta, como decía Santiago), y de hecho no me gusta mucho la santidad identificada como "vida moral", pues el componente "moral" tiende a oscurecer el componente "gracia inmerecida y acogida" (no digo que sea tu caso) y hace aparecer a los santos como gente que siempre actúa de manera moral (según unas normas morales), cuando el hecho es que previamente a todo actuar "moral", hay un acto de acogida del amor inmerecido, un abandono absoluto del propio ser en las manos de Dios...eso es para mi lo decisivo, más allá de que el santo haga esto o lo otro (lo cual como digo es consecuencia o, si se quiere, nos sirve de "síntoma", aunque no en todos los casos).
Si suprimimos de la narración la Esperanza, se estará falseando la historia, y sólo veremos eso: un ser humano dudoso y zarandeado. Lo cual es cierto pero incompleto y no narra la santidad de esa persona, sólo la describe en su efecto humano.
Yo no creo que se suprima la esperanza de las narraciones más actuales de las vidas de los santos. Lo que vemos es un ser humano normal, con sus dudas y debilidades (si quieres "dudoso y zarandeado" ), que en un momento de su vida decide tomar a Dios completamente en serio. Un ser humano que en ocasiones toma un camino pensando que Dios le llama por ahí, para acabar dándose cuenta de que Dios le llamaba por otro lado...y esto es una gran lección para nosotros, que en ocasiones tenemos miedo de tomar determinadas decisiones por miedo a equivocarnos, pues Dios incluso se sirve de nuestras equivocaciones para atraernos hacia Sí. Me gusta en ese sentido que se acabe con esos santos que lo tenían ya todo claro desde la cuna, santos triunfadores que no parecieron sufrir la cruz en su vida terrena sino que todo les fue bien, porque esa clase de santidad no existe. La santidad tiene que pasar necesariamente por la cruz y cruces hay muchas...tendencia al pecado, debilidades y defectos, mala comprensión por parte de sus coetáneos...pero como dice San Pablo " sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio" (Rm 8, 28).
Un abrazo.
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A esa esperanza me refiero, a la Esperanza con mayúsculas, a la virtud teologal. Sabemos mucho de la fe, y tenemos bien conceptuada la caridad (entrega, don de sí, algo que nos parece siempre muy lejano cuando lo confrontamos con nuestra realdad.), pero, ¿no tenemos a la virtud teologal de la Esperanza un poco olvidada, siendo un poco como el Espíritu Santo, el gran desconocido? Hablamos de fe, y hablamos de caridad. Pero a la esperanza se la nombre siempre en el pack, como sin saber muy bien qué pinta ahí y qué es lo que aporta realmente en alma en gracia.
Como bien muestra Abel, y a poco que leamos nos damos cuenta, los relatos de los santos modernos y/o contemporáneos tiran más un panegírico donde se alaban unas virtudes, por lo tanto, a una alabanza de una moral objetiva, que es falsa en el sentido de que no es este el elemento propio de la vida del santo.
La fe sin obras está muerta, claro, pero el constitutivo, la sustancia vivida, es la Esperanza. Ésta es la que conecta de algún modo lo que se cree con lo que se vive. Por eso cuando digo que la Esperanza es la verdadera vida moral del santo, lo que refiero es que es en realidad su única vida moral: la voluntad de Dios manifestada en la pequeñez de sus acciones en la medida en que el santo abandona poco a poco sus iniciativas, por más buenas que sean, y confía en los bienes espirituales y en ser un instrumento de la gracia más allá de sus propias certezas.
Lo demás, lo visible, lo relatado, son consecuencias que no ahondan en la verdadera historia del alma.
Un ejemplo de lo que dice Abel es describir un precioso árbol lleno de frutos magníficos, pero obviando que estos frutos son de Cristo habitando y abonando el alma del santo y sin tratar de descubrir el proceso íntimo de conversión, aunque sea mediante conjeturas, reflexiones o intuición, o llevando al santo a la oración.
Por eso los santos de cuna, o los santos meramente "buenos", no valen, porque son de cartón piedra.
y tenemos bien conceptuada la caridad
Destornillante este monólogo de hamor.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Decía que efectivamente eres muy generoso.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.
Gerard,
Creo que no hay ningún problema en poseer un concepto bien definido de las cosas, siempre que los utilicemos para "confrontar" (por decirlo de algún modo, aunque éste suena demasiado estridente) lo que sabemos con lo que "somos" en la realidad. He hablado en plural presuponiendo que aquí todo el mundo sabe lo que es la caridad, nada más. Contando con que es un término muy manoseado y desvirtuado en nuestros tiempos, como todos sabemos.
Pero al respecto, como bien señala Tomás de Kempis al comienzo de la Imitación de Cristo: "Prefiero sentir el arrepentimiento que me lleve a la conversión en vez de poderlo definir."
Abel, el autor de este tema, se está preguntando por la santidad, al preguntar cómo debe narrarse. Abel puede ser santo y puede preguntarse por la santidad. Del mismo modo que Tomás de Aquino. Otros pueden ser santos subidos a una columna durante cuarenta años, otros matando dragones, y lo hay que simplemente tienen una fe tan sencilla que hablan con Dios cara a cara, diariamente y sin aspavientos, y no son canonizados ni sabemos de ellos, y en el cielo estarán sentados en lugares mucho más altos que muchos de los que por lo general se los tiene por grandísimos santos.
Esos, y otros casi 7000 millones de modos predestinados de llegar a la santidad, hace que no sea baladí preguntarnos por algo de lo que podamos hablar si nos proponemos escribir de un santo.
Cómo va a haber algún problema en eso! No, no.
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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.