Efectivamente, Dios lo pide todo y nuestra respuesta tiene que ser darse sin reservas.
Y menos mal que es así. Mientras no lo hagamos en nuestro interior no habrá unidad, integridad, honestidad, coherencia, genuinidad, autenticidad, paz y ni libertad.
De momento no voy a entrar en materia a cerca de lo que pide Dios. Sí que puedo decir que a veces lo que pensamos que pide Dios es en realidad una excesiva autoexigencia, como un desear uno mismo ser algo en función del pie que cojea o una perfección que vemos lejana y no la vemos imposible pues "esperamos" que Dios nos haga espléndidos con una Gracia suya. Y "esperamos" como una acción-reacción.
Y esta actitud no es muy lejana a la que vemos en Nietzsche respecto a la vida.
Puede parecernos que Dios nos pide que hagamos apostolado, que participemos en actividades sociales, eclesiales o no,... En este caso lo que Dios pide es que Él sea el alma de todo apostolado (que por cierto, así se titula un libro escrito por un cisterciense). Si no lo es, en vano trabajan los albañiles, los pastores,...
Puede parecernos que Dios nos pide santidad, tomarnos en serio, tomar en serio a la Iglesia, tomar en serio a las almas, tomar en serio a Dios.
Quizás habrá que empezar por dejar ver a Dios nuestro interior y así lo veremos nosotros también. Así seremos menos ciegos, por ejemplo. Dejar ver nuestro interior a Dios en cada momento, nuestros modos de razonar, nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos ante ciertos sucesos y roces con los demás, nuestro bien estar con la familia y los amigos, nuestros momentos de felicidad, nuestra alegría en una celebración, nuestros pensamientos y afanes,...
Dejarle ver. Al menos ganaremos en realismo que ya es una Gracia. Y no nos exigiremos lo que nos sobreexigimos y que en verdad, por ese camino, no podemos alcanzar.
Conocerse y ofrecerse en el altar: ver a Cristo sufriendo mis latigazos, mis espinas, cargando con nuestra cruz y muriendo para que uno pueda ser hijo de Dios y volver a comer del Árbol de la Vida; es Dios quien hace Alianza con nosotros, es su Sangre la que asperge sobre nosotros, sobre nuestro corazón; y otras veces estar a su lado como otro Cristo recibiendo esos latigazos esas espinas y el peso de la Cruz por los demás y por la Humanidad entera: ejercer ese Sacerdocio, sustancial a nosotros merced del la Gracia Bautismal. Dejar que Cristo descienda a nuestros infiernos y así resucitar con Él a una nueva vida que de momento no será gloriosa.
Todo esto lo podemos hacer sentados, de rodillas, haciendo yoga o acostados. Y no hay que hacerlo de una vez por todas, pues no somos ángeles.
Hay que darle gracias, pero también muchas veces hay que darle gloria.
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Predica la fe hasta que tú mismo la obtengas, y luego la predicarás porque ya la posees.
Friedrich Nietzsche.
Sí que puedo decir que a veces lo que pensamos que pide Dios es en realidad una excesiva autoexigencia, como un desear uno mismo ser algo en función del pie que cojea o una perfección que vemos lejana y no la vemos imposible pues "esperamos" que Dios nos haga espléndidos con una Gracia suya. Y "esperamos" como una acción-reacción.
Y esta actitud no es muy lejana a la que vemos en Nietzsche respecto a la vida.
Pensamos a veces que por vivir apegados a Dios, Él nos liberará del sufrimiento...y no lo hace. Pensamos que en correspondencia a nuestro hacer su Gracia nos purificará y liberará de nuestros defectos, y permanecemos en ellos (en algunos casos incluso acentuados). Creemos ser de una determinada manera, y Él nos hace mirar a nuestro interior y comprobamos con horror lo que realmente somos. Creemos saber qué quiere Dios de nosotros, para descubrir que lo que hacemos por Él acaba fracasando y que realmente no sabemos qué es lo que Él quiere, y que muy probablemente lo que Él quiere de nosotros es precisamente aquello que nosotros no queremos hacer. Sabemos que Dios es Amor, y que nos ama a pesar de lo que somos, pero en cambio la cruz que nos toca es precisamente aquella que menos desearíamos, no una cruz llevadera y a medida.
Un abrazo.
P.D. Precioso post, Gerardo.
exactamente.
Muy bueno.
Si.
Central eso de dejar a Dios ver nuestro interior. Esencial para ello el guardar silencio. Dejar de esperar, para simplemente darse.
Permitir a Jesús ejercer de Redentor en cada uno, para recién después, aspirar a llevar algo por El.
Gracias.
Geniales reflexiones. Menos mal que para salvarse sólo hace falta quererlo (y quererlo en consecuencia.) Y como no podemos quererlo hasta la última consecuencia, Dios nos da la gracia. Si no, el Infierno nos iba a sorprender de improviso entre reflexión y reflexión... Por eso es tan importante la buena predicación, especialmente por parte de los Obispos, que hoy más parecen funcionarios... Una buena predicación que mueva verdaderamente a la radicalidad evangélica, una predicación sin cobardías, precisamente por la la Gracia que es hija y señora de la promesa.
Que hay santos, qué duda cabe. Pero también es cierto que la santidad no es un esfuerzo ascético personal, sino ante todo, una gran humildad, un gran realismo, mucho sacramento y la buena predicación de los legítimos pastores. Sólo a través de los sacramentos y la enseñanza magisterial hay gracia visible, y por desgracia, creo que hoy día no existe el ambiente eclesiástico favorable para el florecimiento de nuevos santos. Aunque Dios actúa por sus propios medios extraordinarios...
y por desgracia, creo que hoy día no existe el ambiente eclesiástico favorable para el florecimiento de nuevos santos
Luis Manuel. no estoy de acuerdo en lo que dices. Dime ¿Qué época de la historia del cristianismo, fué mejor que ahora para el florecimiento de Santos?
Andrea.
Porque Él mismo ha manifestado: «ni te soltaré ni te abandonaré»
Eso mismo iba a preguntar yo: ¿cuándo fue una época favorable?
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«Mira el amanecer: la luz vence muy lentamente a las tinieblas» (San Isidoro abad)
No he hablado de épocas sino de ambientes eclesiales. Mi opinión es que la Iglesia contemporánea es muy débil, en cuanto Iglesia, es decir, en cuanto comunidad de fe. La razón es hay una fortísima tendencia a reducir la religión al fuero interno, y es políticamente incorrecto sobrepasar ciertos límites naturales que sólo pueden ser sobrepasados con la ayuda de la gracia de Dios... La razón es que la Iglesia se ha convertido en mero instrumento al servicio del bien común en un orden intelectualmente permisivo con una falso sentido de pluralidad, no a un bien común que es consecuencia de la conversión del mundo a Dios en todas las esferas de la realidad. En consecuencia, los Obispos ya no enseñan In persona Christi, sino que se limitan a orientar tímidamente coartados por estructuras episcopales que viven en permanente equilibrio con la política, a base de declaraciones y documentos tochísimos que no dicen nada, y con una relación nula con los fieles... Y recuerdo que si el Obispo no enseña a sus diocesanos In persona Christi, nadie puede hacerlo, y no puede haber plenitud de la gracia que es por la que se llega a la Santidad.
Luis Manuel, en primer lugar bienvenido.
Eso que señalas ha pasado siempre, no es único ni exclusivo de la época actual. El ambiente eclesiástico de por sí nunca ha sido todo lo favorable que debiera al florecimiento de nuevos santos, no obstante lo cual siempre han surgido, pues la santidad afortunadamente depende más de Dios que de los hombres. Hoy hablas de exceso de timidez en la predicación...antes era la imposición por la fuerza de unas creencias...como ves tanto en un caso como en el otro, infidelidad al mensaje de Cristo, no obstante lo cual yo prefiero la actual timidez, pues Dios se manifiesta mejor en la debilidad que en la fuerza, en la libertad que en la coacción y la esclavitud.
Un abrazo.
"¡Mierda! Ariadna me abandona y oigo rugir al Minotauro."
Sí, ha la vista está cómo se ha manifestado Dios en el siglo XX y en lo que llevamos del XXI...
...por lo pronto, en pocas épocas de la historia de la Iglesia ha habido tantos Papas santos como en el siglo XX y tantos mártires testigos de Cristo frente a ideologías inhumanas...
En eso estoy de acuerdo. El siglo XX ha sido totalmente apocalíptico en ese sentido, ha dejado en nada el Apocalipsis de San Juan, ha sido, junto con el cristianismo primitivo, el siglo de los mártires. ¿Será que estamos llegando al Omega de la Historia?
...llevamos llegando al Omega de la historia 20 siglos más o menos...
Por eso es tan importante la buena predicación, especialmente por parte de los Obispos, que hoy más parecen funcionarios... Una buena predicación que mueva verdaderamente a la radicalidad evangélica, una predicación sin cobardías, precisamente por la la Gracia que es hija y señora de la promesa.
Es la versión "buena" de Julio.
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Cuando te quieran jugar un darwinismo existencial, huye;
el manso hereda la tierra, no el alpinista espiritual y social.
Gondim
O sea, ¿que Jesucristo lleva viniendo por segunda vez veinte siglos? Una cosa son los últimos tiempos escatológicos, el tiempo de la gracia y la misericordia que inauguró Cristo, y otra son los últimos tiempos históricos, que terminarán con Cristo. En fin, la Iglesia nos manda a creer que su triunfo será histórico y visible, no que será en tal o cual fecha, como hacen las sectas. Pero debemos olvidar que todos los días pedimos en Misa "Ven, Señor Jesús". ¿El fin de los tiempos nos parece algo terrible o es la manifestación última de la esperanza de toda la Iglesia de Cristo?
Se te contestará como esperas ser contestado.
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Cuando te quieran jugar un darwinismo existencial, huye;
el manso hereda la tierra, no el alpinista espiritual y social.
Gondim
En fin, la Iglesia nos manda a creer que su triunfo será histórico y visible,
Me suena, no sé por qué, a rancio triunfalismo-vindicatismo: vendrá y aplastará y demostrará (a la multitud de cadáveres resultante) que nosotros éramos los buenos.... saquen los crucifijos ahora de las aulas y ríanse, que mañana me reiré yo.... jejeje, ya está el aceite hirviendo preparado, etc.
¿Que va a venir Cristo? no me cabe duda, él lo dijo.
¿Será una acción triunfal comparable al riunfo de un partido sobre otro en unas elecciones? No, de ninguna manera, y si se entendió eso de las enseñanzas de la Iglesia, es una lástima, habrá que desandar camino de lo enseñado, porque eso cae fuera de lo enseñado por el Evangelio.
Es verdad que el Apocalipsis y su forma de hablar puede llevar a formar esa imagen vindicativa de la segunda venida, pero para corregir eso está todo el resto de libros y toda la experiencia de miles de creyentes que construyeron concretamente en este mundo el Reino en las condiciones (siempre muy poco óptimas) que les tocó en cada época.
La "tensión" hacia la segunda venida es necesaria a nuestra fe para evitar convertir la acción cristiana en una mera ONG, pero "nadie sabe el día ni la hora" y "vendrá como ladrón en la noche" son todo un programa de ascesis de la loca imaginación sobre el contenido concreto de esa segunda venida.
¿Estamos más cerca de la Omega? qué duda cabe... el alfabeto empieza en alpha y termina en omega, y la dirección es irreversible, pero quién te dice que no vamos recién por la beta o por la gamma. Cuando Jesús dice que el Reino llegará cuando menos se lo espera... creo yo que es "cuando menos se los espera", es decir: si somos literales con el ejército de langostas del Apocalipsis, ¿no deberíamos serlo con más razón con advertencias tan directas del propio Jesús acerca de la imposibilidad -y aun la inutilidad- de hacer cualquier gñenero de cálculo al respecto?
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«Mira el amanecer: la luz vence muy lentamente a las tinieblas» (San Isidoro abad)
Estimado Abel,
Jesucristo ya ha triunfado, y todos los que vivimos en Él por la fe llevamos dos mil años de Triunfo con mayúsculas. Y el día en que Él se manifieste algunos reirán de gozo y otros irán al llanto y al rechinar de dientes, y ésa es la verdad que nos ha sido revelada y transmitida. Lo del partidismo te lo has sacado tú de la manga, porque yo me he limitado a señalar lo que es de fe, sin reinterpretaciones personales.
...unos reirán de gozo y otros irán al llanto y al rechinar de dientes...pero quizá unos y otros no sean siempre los que pensamos que van a ser.
Un abrazo.
"¡Mierda! Ariadna me abandona y oigo rugir al Minotauro."
No siempre, pero Dios no engaña.