No tanto, Gerard, si se entiende esto como que ese anhelo profundo que naturalmente siente el hombre hacia su Creador, esa búsqueda íntima de la Verdad, esa sed nuestra de Él, no es más que el reflejo en el alma, como un espejo, de la sed de amor de un Dios que, creándonos libres, mendiga nuestro amor.
"...creándonos libres, mendiga nuestro amor..." entendiéndolo incluso como una relación de causalidad (perdón por la berborrea, que apenas alcanza a atrapar caricaturescamente las insondables maravillas del amor divino)
O dicho de otro modo: la gracia es a la vez el pulmón, la inhalación, la exhalación y el oxígeno de nuestra existencia...
Me refería también a Satsang.
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Cuando te quieran jugar un darwinismo existencial, huye;
el manso hereda la tierra, no el alpinista espiritual y social.
Gondim
estamos impregnados de Dios
Me gustó mucho.
Cuando san Pablo habla en el Areópago retoma una cita del poeta Arato que circulaba entre los estoicos: "en él vivimos, nos movemos y existimos". Hoy día no nos atreveríamos a repetirla si no lo hubiera hecho san Pablo: el estoicismo realmente era un movimiento panteísta, más serio pero en muchos aspectos semejante a la New Age. San Pablo, quien -a Dios gracias- no había navegado por sitios católicos de internet, retoma esa cita, no porque se le escapara las hondas diferencias que puede haber entre la fe en Cristo y el panteísmo (e incluso entre la fe judía y el panteísmo) y cita al poeta, no por su sentido obvio de que estamos incluidos en Dios como si Dios no fuera trascendente a todo, sino porque va más allá de lo obvio y nos ayuda a entrever, apenas en los límites de lo concebible, que la trascendencia de Dios trasciende incluso nuestra palabra "trascendencia", y Dios puede estar "más allá" y a la vez muy "aquí": "en el cielo, en la tierra y en todo lugar", como decía el viejo catecismo.
"Estamos impregnados de Dios" es casi una relectura de la relectura. Dios que está "más allá", pero a la vez puede estar "aquí" de modo que nosotros estemos en él, trasciende aun eso, y puede estar él en nosotros, como incluido el creador en la creatura, que es casi la paradoja más grande que puede concebirse.
Ayer leía que el género "histórico" en la antigüedad era "poroso" a la leyenda y al mito, es decir que admitía con sencillez mezclar leyenda, mito, etc. sin necesidad de dejar de sentirse fundamentalmente histórico. Lo que enuncia esa frase no es nada raro ni nuevo, pero me gustó mucho la manera de decirlo: "poroso". Y ahora tú dices "impregnados" de Dios, casi como si fuéramos porosos, y eso que necesariamente está fuera, Dios, que si no está fuera no puede ser Dios, al mismo tiempo nos tiene como "emebebidos" de él.
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«Mira el amanecer: la luz vence muy lentamente a las tinieblas» (San Isidoro abad)
¿No decía ya San Agustín que Dios es más íntimo a nuestro ser que nuestra propia mismidad?
A propósito de esto que dice Abel de la New Age, yo siempre he tenido un pensamiento, que a Dios gracias ha madurado a la luz de la fe. En las necesarias inquietudes del hombre posmoderno, asfixiado en su depresión existencial, en su "no sé, todo da igual, todo depende" hay una tendencia cada vez mayor a alimentarse de este nuevo neopaganismo, neognosticismo, orientalismo. El humano posmoderno es un ser desgraciado que, ya hundidos sus hocicos en el fango del naturalismo, sólo puede percatarse de que no hay nada de aquellas falsas promesas de libertad. Y estas corrientes psicologistas, estos intentos espirituales logran al menos proveer de una ilusión que constituye una bocanada de aire y libertad interior.
Interiormente es el mismo ser humano que busca de la gracia que eleve su natura. Que no necesita subterfugios, sino una verdad santificante, la única verdad. Bien, la Iglesia nunca puede adaptar su menaje (que es la Palabra de Dios) a las necesidades del mundo. O mejor dicho: a lo que cualquier análisis, por más concienzudo que sea, nos dicte que son las necesidades del mundo. Pues estas necesidades del mundo sólo las conoce Dios en su corazón, el cual alberga la sed propia y distinta de cada uno de los corazones de sus hijos. La Iglesia sólo puede apegarse concienzudamente a su Tradición (y en Ésta incluyo la Escritura), pues sólo de este pozo, con la guía del Magisterio, sacará el agua viva que colmará la sed del mundo.
Bien, pues esta búsqueda inconsciente de la gracia es ya una gracia presente, una prefiguración real y sustancial de la Esperanza cristiana. Es el mismo estado del hombre antes de Cristo, la misma semilla del Verbo, sólo que con la infinita ventaja de un Cristo que ya lleva dos mil años entre nosotros haciendo madurar el tronco vivo de la Iglesia.
¿Qué es lo que nos falta a mi entender? Una fe renovada en el sentido crudamente carnal de la presencia de Nuestro Señor Vivificante en la Iglesia, en el sentido de los dogmas, en las realidades objetivas transmitidas en la Tradición y en la Escritura. Sólo a partir de aquí podremos apropiarnos de lo verdaderamente bueno que hay en el mundo sin confusión y sin error, y a través de esta humildad en la obediencia de la fe, el Dios Espíritu, que es real y tremendamente accesible a toda lengua y entendimiento humano, podrá apropiarse por nuestros labios de verdades que el hombre de hoy anhela, tales como que en Él vivimos, nos movemos y existimos.
Es decir, sin preguntarle al Espíritu Santo dónde están las porosidades y dónde el rigor científico, pues creo que nunca nos contestará. Y de hacerlo, su respuesta probablemente nos haría estremecer...
En otras palabras, creo que nos falta (y a mí el primero) un sentido pura y castamente religioso... El cual es don de Dios.
Como imaginarás, me resulta imposible compartir este diagnóstico sobre la época que nos toca, pero puesto que ya mis contraargumentaciones te las he dado, no tiene sentido insistir, que no se trata de convencer a nadie sino simplemente de plantear cómo cada uno ve las cosas.
Ahora bien, hay otro aspecto que me parece interesante de esto, que no sé si podré explicarlo bien, lo traería en relación a esta frase:
El humano posmoderno es un ser desgraciado que, ya hundidos sus hocicos en el fango del naturalismo, sólo puede percatarse de que no hay nada de aquellas falsas promesas de libertad
¿Podemos nosotros, como desde afuera, hacer semejante diagnóstico?
Es decir, en la generación "existencialista", de la 2ª guerra y la posguerra, había toda una filosofía "del mundo" que hablaba de angustia; incluso retomaba en términos fuertemente psicológicos esa "alienación" que Hegel había pensado ontológica, Kierkegaard moral, Marx sociológica, etc.
Que un cristiano de ese momento, pongamos un Gabriel Marcel, un Romano Guardini o un Jean Gitton -por citar los más lúcidos de la generación existencialista de entre los cristianos- le dijeran al mundo que Cristo era la respuesta a esa "angustia", "alienación", o como la quieras llamar, se comprende perfectamente.
Pero a veces tengo la sensación de que seguimos dando la misma respuesta, a un problema que nadie plantea, y nuestro discurso termina resultando de una pesadez insoportable.
A ver si me aclaro: no digo que Cristo no sea la respuesta a esa angustia... pero si no se la siente, entonces, por mucha respuesta que sea, no responde a nada...
Entiendo que en definitiva si el mundo no siente ninguna angustia después de afirmar que somos una minúscula mota de azaroso adn autogenerado que un día acabará con el mismo sinsentido con el que comenzó, estamso sumidos en un verdadero problema... pero bueno, nadie puede obligar a otro a sentir angustia, y responder a una angustia que el otro no siente carece completamente de interés.
Una cosa es que el mundo te diga, como a Pablo, "sobre eso te oiremos hablar otro día" cuando le anuncias la resurrección (lo cual es muy lógico y pertinente), y otra es que el "sobre eso" se refiera a que le vas a hablar de que el mundo siente algo que no siente.
Pienso yo que una gran parte del desajuste que los católicos sentimos en este momento es, efectivamente, un desajuste nuestro, no estamos comprendiendo de qué va la cosa, nos aggiornamos a 50 años atrás con mucha suerte (algunos ni eso), y por tanto obligamos (o pretendemos obligar) al mundo a subir al túnel del tiempo para:
1-sentir lo que nosotros decimos que tienen que sentir.
2-así nuestra respuesta les es útil.
Había en el hospital de mi barrio cuando mi Sra. estaba embarazada de Constanza una médico de urgencias que era terrorífica, la evitábamos, porque tenía facha de no haber leído un mísero apunte en toda su carrera. Un día fuimos porque mi Sra, con el embarazo ya avanzado, se sentía mal. Entonces nos tocó ella, y le diagnosticó anginas (sin revisarla, claro), entonces le dice mi Sra. que no le dolía la garganta y que era más bien por un malestar del embarazo: "ah sí, abrí la boca.... a ver.... ¿ves? anginas, te dije.... pero como estás embarazadaa, mejor que te vean los de obstetricia.", y la derivó.
Menos mal, porque no tenía anginass, pero ése era su único diagnóstico posible, así que si no tenías la garganta roja, ella la veía roja igual.
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«Mira el amanecer: la luz vence muy lentamente a las tinieblas» (San Isidoro abad)
Y si, a veces nos cuesta salir de nuestros propios juicios acerca de las cosas. Nos enfrascamos en que los demás vean lo que nosotros vemos y no nos damos cuenta que es necesario salir de uno mismo, no para claudicar en nustros principios sino para poder establecer una conexión con el otro.
Porque Él mismo ha manifestado: «ni te soltaré ni te abandonaré»
¿Y cuál es tu diagnóstico?
Una joven muy resuelta comentó en una ocasión tomando un helado en la heladería de la plaza del pueblo que las mojas le enseñaron la "doctrina parda", que decimos aquí, a base de sus sospechas inmorales y sus criterios moralinos que se suponían que eran la medicina a las... ¡sospechas!
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Cuando te quieran jugar un darwinismo existencial, huye;
el manso hereda la tierra, no el alpinista espiritual y social.
Gondim
De verdad, mis queridos contertulios socioforísticos, que no tengo ningún afán de meter mierda (aunque hay que tenerlo todo por mierda con tal de ganar a Cristo, decía Pablito) es sólo que tanto buenrollismo me suena demasiado a Laodicea... Concretemos sin divagaciones: ¿cómo diríamos que es hoy en día la vivencia de los sacramentos, la obediencia a los obispos y la fidelidad al Magisterio en el común de la sociedad?
Pregunta importante si es que aquí es de común acuerdo que estamos llamados a ser apóstoles de Cristo, no del guachismo guay y chuli.
Espero respuestas molonas.
¿Se puede saber que te dió la idea de que estamos aquí para hacerte la comparsa?
Mi mamá.
Qué mal, qué mal... ¿Alguna respuesta que sí sea molona, o en su defecto, chupi guay?
jajaja, sin ofuscamientos, please.
A ver si me aclaro, ¿estás hablando de la iglesia o del mundo? porque hasta donde sé no son lo mismo.
Haces un diagnóstico sobre la civilización, que simplemente por comodidad resumo en "El humano posmoderno es un ser desgraciado que, ya hundidos sus hocicos en el fango del naturalismo, sólo puede percatarse de que no hay nada de aquellas falsas promesas de libertad", y luego dices, como si se refiriera a lo mismo, que "¿cómo diríamos que es hoy en día la vivencia de los sacramentos, la obediencia a los obispos y la fidelidad al Magisterio en el común de la sociedad?"
Pues:
1-El común de la sociedad no es cristiano,
2-La sociedad no es cristiana
3-No tiene por qué serlo
4-Sé tú un buen crsitiano y cuenta lo que se siente
5-Deja que la sociedad nos diga cuáles son sus problemas, no les impongas el moolde de lo que debe sentir
Yo estoy completamente seguro de que nos iría mejor si dejáramos de ilusionarnos con que estamos en una "sociedad cristiana desviada de su cristianismo". Es como los padres que le pagan la carrera de Económicas al chico para que sea como el abuelo y siga la tradición familiar... pero al chico le gusta la filosofía, así que ni hace filosofía, ni estudia Económicas, gasta dinero, y todos frustrados. "Es que se debe haber peleado con la novia", "es que no sabemos lo que le pasa", "es esos amigotes que tiene", "es que la cultura que nos rodea es pasota", etc... pero ¿se han molestado en saber si quería seguir Económicas como el abuelo?
Aunque lo consideremos una decisión desventajosa para el mundo, aunque al mundo le iría mejor si fuera cristiano, aunque a, b y c... el mundo no quiere ser cristiano, está harto del cristianismo y no confía en la Iglesia.
Eso, independientemente de si el mundo tiene razón o no, es un hecho, y los hechos son el non plus ultra de la comprensión de cualquier cosa. Luego vendrán cinco páginas caatólicas y disfrazarán el asunto de que es un problema de la publicidad, la tv, la escuela, el loby gay, el loby laicista, el loby feminista, el lobizón o el brujo de la tribu, etc, mil blablás, pero nadie quiere asumir el simple hecho de que con razón o sin ella, el mundo no sólo no es cristiano, sino que considera que ya nos probó y no nos quiere.
Si no partimos de ahí, no hay evangelización posible.
Dos ejemplos:
El gobierno planteó la ley abortista más absurda del planeta, salvo 50 feministas radicales, nadie podría aceptar que una chica de 16 años pueda abortar sin consultarlo con nadie, la "defensa" de la ministro de que un feto es un "viviente pero no humano" fue una especie de burla, si no fuera una animalada, de la que se rió no la previsible media España sino el 90%, hasta los de su cuerda se rieron. Encima sin objeción de conciencia por parte de los médicos. Faltaaba que nos redactara el manifiesto de la protesta, porque a decir verdad nadie trabajó más que el gobierno para levantar en contra d ela ley a toda la sociedad civil.
Pero la oportunidad que tenía la sociedad civil de oponerse a ello convocó, ¿cuánto? ¿un millón? ¿un millón y medio de personas?
Ya sé que es mucho, pero... ¡son todos los que hay! Eso significa que SOLO 1 millón y medio de personas pone en la balanza oponerse a una ley ridículamente planteada y tomarse del brazo con la Iglesia, en lugar de aceptar pasivamente lo que el gobierno imponga con tal de no salir con la Iglesia en la foto.
Segundo ejemplo:
La sentencia de Estrasburgo sobre los crucifijos significa que cualquier amargado del pueblo (por ejemplo yo, que trabajo de noche y en fiestas del pueblo no puedo dormir) puede recusar el folclore de "moros y cristianos" del pueblo, siendo él sólo contra todos, porque tienen cruces en la ropa, y quedarían obligados a quitarlas, por ofensa al sentimiento religioso del amargado del pueblo. ¿La gente no se da cuenta de eso? ¿la misma gente qu se disfraza para moros y cristianos no sabe que eso no sólo puede ser así sino que va a ser así en algunos casos? Sí que lo sabe, pero salvando los cuatro sitios web de siempre, el Papa y algunos obispos (ni siquiera todos), nadie salió a protestar, la sociedad civil no salió a protestar contra una sentencia que no es anticristiana sino esencialmente antifolclórica, porque en nombre del sentimiento de un amargado puede barrer por ley con todo el folclore bimilenario de un pueblo.
Pero la sociedad civil tiene clarísimo que aguanta cualquier cosa con tal de no salir en la foto junto con la Iglesia.
El día que seamos realistas y aceptemos que no nos quieren, entonces a lo mejor nos ponemos en serio a escribir en una columna el por qué tienen razón, y en otra por qué no la tienen.
Mientras tanto, lo que hay en sustituto de la evangelización que sigue sin hacerse es una burda y poco creible apologética histórica que trata de mostrar que a pesar de las apariencias, somos güenos, y que el mundo no funciona sin cristianismo.
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«Mira el amanecer: la luz vence muy lentamente a las tinieblas» (San Isidoro abad)