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Alfa & Omega,25/02/2010 - La comunidad de dominicos de la basílica de La Virgen del Camino no ha querido dejar pasar la oportunidad que ofrece el Año Santo Compostelano para difundir entre peregrinos y curiosos la historia e importancia artística del retablo de la Virgen del Camino. A lo largo de 260 páginas de gran formato, profusamente ilustradas, Retablos. La Virgen del Camino de León, ofrece una aproximación multidisciplinar a este conjunto escultórico, al que el título del libro hace justicia al presentar con el plural de retablos.
De hecho, aunque el retablo mayor es del siglo XVIII, la imagen de la Virgen central es bastante anterior, cercana al momento de su aparición, que la tradición fecha el 2 de julio de 1505. Era el día de la Visitación de la Virgen, cuando un pastor vio a la Madre de Dios, en forma parecida a como se la veneraba en la iglesia románica de León de Santa María del Camino, del siglo XII, llamada así por estar en el camino de los peregrinos franceses a la tumba del apóstol Santiago.
En ese lugar se construyó una ermita, y luego otras mayores, hasta que, en 1961, se hizo necesario erigir un nuevo santuario, que desde el 24 de febrero de 2009, por concesión de Benedicto XVI, ostenta el título de Basílica Menor. Allí se trasladó el retablo, cuyo motivo central es una Piedad, como las que se expandieron en la época por toda Europa. Se trata de un tipo de composición en la que prima el realismo, frente a modelos anteriores con figuras más estilizadas. En el caso de la Virgen del Camino, llaman la atención, por ejemplo, el rostro del Cristo y las huellas en su cuerpo de la tortura; o la inestable postura en que la Virgen se ve obligada a sujetarle, tirando hacia arriba del paño de pureza.
En el nivel superior del retablo, se encuentra Dios Padre, sujetando un globo terráqueo. Es Dios omnipotente, que, sin embargo, permite la ominosa muerte de su Hijo. Llama poderosamente la atención la alegre presencia de 50 ángeles. «El retablo es paradójico, de muerte y vida, de dolor de los santos y de alegría de los ángeles», explica, en un capítulo del libro, el dominico Miguel Ángel del Río. «Los temas son de dolor, de muerte (José, Jesús); de lucha contra el mal (Miguel, Demonio); de experiencia del mal y del dolor (Virgen del Camino); pero la presencia de tanto ángel lúdico y vital habla de alegría».
Prosigue este religioso su reflexión teológica sobre el retablo, al llegar al cuerpo bajo, el principal de todo el conjunto: «El sermón toca el aspecto más intenso: el mal dañando al inocente, a Jesús. María, inocente también, y asociada a su misterio, tiene juntas la experiencia de Dios y la experiencia del mal. Es la Piedad, la Dolorosa con su Hijo, divino y rechazado. Sostiene en el cuerpo muerto, derrotado, de Jesús, el amor de Dios redentor, y el odio de los hombres con su fruto de muerte. También aquí el Padre calla inexplicablemente. Pero en lo oculto se cumple su proyecto de amor: Jesús muere, Cristo se prolonga en Iglesia. La Virgen tiene en sus brazos el cadáver de Jesús...»
A ambos lados de la Piedad, hay dos santos: Santiago apóstol y san Froilán, que fue nombrado obispo en el año 900. También en ellos coexisten la experiencia de Dios y la experiencia del mal. Son hombres, como cualquiera de nosotros. Y eso significa que su vocación debe ser también la nuestra. «Los santos tienen el secreto de la experiencia, sin lo cual no serían sujetos personales memorables», afirma Del Río.
R.B.