Parece ser que la ordenación social y política no dejaba mucho campo al afán de ocupar puestos de mando. Casi todos los casos de ambición relatados se refieren a los cargos supremos de la monarquía. Absalón se rebela contra su padre (2Sm 13,18), después se subleva Sibá (2Sm 20); en el reino septentrional se repiten las usurpaciones, con cambio de rey o de dinastía, p. ej. Zimrí (1Re 16,8-19), y la lucha por la sucesión después de su suicidio (1Re 16,21s); un profeta sanciona la rebelión de Jehú (2Re 9); Atalía asesina a la familia real para asegurarse el mando (2Re 11). También sucede en reinos extranjeros (2Re 8,15). Oseas denuncia las conjuras de palacio (Os 6,3-7). Moisés tiene que enfrentarse con casos de ambición: su hermana Miriam (Nm 12), Córaj ambiciona el sacerdocio, Datan y Abirán el mando (Nm 16). Is 14 describe a un monarca que ambiciona honores divinos. En el ejercicio del poder podemos considerar como forma de ambición el gobierno despótico, por asegurar o aumentar el poder: es el caso de Roboán (1Re 12) y de monarcas extranjeros. ↗Rey.