Dios se presenta en el AT como el grande y generoso dador: no sólo de bienes ya realizados, sino también de la capacidad de producirlos (Dt 8). El don por excelencia es la tierra; después da la lluvia para que la tierra produzca sus frutos; y así pone en movimiento un proceso de dones. Y quiere que el hombre entre en el proceso generosamente (Dt 15), dando a los que necesitan. También otorga o concede la petición, y el hombre se hace consciente de que lo recibe de Dios. En pago, el hombre puede dar su reconocimiento, expresado en la alabanza, la acción de gracias y las ofrendas rituales. ↗Perdón.