Los animales son criaturas de Dios que comparten con el hombre la bendición de la fecundidad (Gn 1), el aliento de vida (Sal 104), cierta sabiduría (Eclo 1), diversas cualidades; pero están sometidos al hombre (Gn 1; Sal 8). Los animales se dividen por especies (Gn 1), por su habitación en cielo, tierra y mar; se dividen en domésticos y fieras, en puros e impuros (Lv 11). Se utilizan como nombres propios o emblemas designando personas o cargos: por ejemplo, Lobo, Serpiente, Asno, Cuervo, los Carneros, los Toros (todos, nombres de príncipes o jefes); como emblemas en las bendiciones de Gn 49, Dt 33. Los escritos apocalípticos desarrollan este uso introduciendo animales fantásticos que personifican soberanos o poderes (por ejemplo, Dn 7-8). Por su participación en la sabiduría, algunos animales pueden enseñar al hombre en la literatura sapiencial o pueden desafiar con sus enigmas la inquisición del hombre (Prov 3; Job 39-41). Animales sobrehumanos y polimorfos son los querubines y serafines; mitológicos son Rahab, Leviatán, Tanín. La invasión de las fieras señala la ruina de la cultura urbana (Is 34). En el futuro reino escatológico, la paz universal pacificará al hombre con las fieras, incluso con el enemigo primordial que es la serpiente (Is 11). El zoomorfismo o presentación de Dios con caracteres de animal es poco frecuente (véase Oseas). El libro de la Sabiduría condena como suprema depravación la zoolatría de los egipcios.