Día y noche son como el pulso de la vida (Sal 104), ritmo del culto (Sal 42; Sal 30), ambos tienen su mensaje de alabanza (Sal 19). Gn 1 proyecta el ritmo a la creación del mundo. Aunque los días son astronómicamente iguales, Dios distingue algunos días (Eclo 33,7-9), consagrándolos. Aparte de estos días periódicos hay otros días históricos en que Dios actúa de modo especial: son cada uno un "día del Señor" (Am 5,18-20; Am 8,9; Sof 1,7). Entre ellos destaca "el día del Señor" como un día decisivo y final: el libro de Joel combina ambos en sus dos secciones.