Es rogar a Dios a favor de otra persona; es acto de solidaridad con el prójimo y de confianza en Dios. Aunque lo puede hacer cualquiera, hay personas o cargos especialmente capacitados o llamados a interceder: el marido por la mujer (Gn 25,21), Moisés por el pueblo rebelde (Ex 32; Nm 14), el rey (1Re 8), el sacerdote en el culto institucional; de modo especial, el profeta (Jr 14,7.19-22; Ez 13,5; 2Mac 15,12-16). Muchos salmos son súplicas de intercesión. La idea de un intercesor celeste apunta en Job 5,1; Job 33,23s. ↗Mediación.