Por antropomorfismo se atribuyen a Dios sentidos: ve lo patente y lo escondido, oye las oraciones y cuanto se dice, huele el aroma de los sacrificios y el incienso, toca con la mano. Los sentidos del hombre se usan como símbolo de experiencias superiores. Ver. En Ex 33,20 se afirma categóricamente que "el hombre no puede ver a Dios y quedar con vida", la misma idea está implícita en Jue 13,22. En cambio otros textos hablan de ver a Dios cara a cara (Gn 32,31; Dt 34,10), o simplemente "ver a Dios" (Ex 24,10s; Job 42,5). "Ver el rostro de Dios" puede significar sencillamente visitarlo en el templo, presentarse ante su presencia invisible (Ex 34,24; Is 1,12). En la espiritualidad de los salmos se expresa el deseo o la esperanza de vera Dios (Sal 11,7; Sal 17,15; Sal 34,6; Sal 42,3; Sal 63,3). La vista puede adivinar la presencia de Dios en la teofanía o en la nube. Oír. Es obvio, porque la comunicación con Dios es ante todo verbal. Como se hace por un mediador, legislador o profeta, el oír se dice en sentido propio. El pueblo teme escuchar directamente a Dios (Ex 19,19s). En el trueno se oye la voz inarticulada de Dios (Sal 29). Oler. Aparte el placer o el disgusto, el olfato puede tener fuerza especial de sugestión: en la esfera del amor sensual (Cant), y fraternal (Sal 133). Se supone que el aroma de los sacrificios aplaca a la divinidad. Gustar. El gusto material es metáfora de discernimiento (Job 12,11; Eclo 36,24). El orante es invitado a saborear a Dios (Sal 34,9). Su ley y su palabra son dulces y sabrosos (Sal 19,11; Ez 3,3). Tocar. El pueblo debe "pegarse, adherirse" a Dios (dbq): la metáfora es tan frecuente que parece lexicalizada (como nuestra "adhesión"); en Jr 13 cobra fuerza plástica, es expresiva en Sal 63,9. También es frecuente la imagen de la mano de Dios apoyada o arrebatando al profeta (Ez 1,3; Ez 3,14) o tomando al hombre de la mano (Is 41,13; Sal 73,23). También parece lexicalizada la expresión "acariciar el rostro" con el significado de aplacar (Ex 32,11; 1Sm 13,12; Jr 26,19). Dios "ha cargado" con el pueblo desde el nacimiento (Is 46,3s), lo ha llevado" en alas de águila" (Ex 19,4); el orante al nacer pasa a las manos de Dios (Sal 22,10s;Sal 71,6).