Son las otras naciones en cuanto opuestas al pueblo elegido. La actitud de Israel frente a ellas es más bien negativa, con variaciones históricas. Israel se siente oprimido por Egipto y Babilonia, amenazado por Asiría y otros pueblos; está igualmente amenazado por la infiltración cananea, pueblo idólatra y de perversas costumbres (Lv 18,24.28; Lv 20,23). La actitud de Israel es de separación (Nm 23,9), que puede llegar al aislamiento de Esdras-Nehemías; de recelo y condena, que se expresa en los oráculos proféticos contra las naciones. En contraste aparecen las abundantes relaciones promovidas, sobre todo, por Salomón: comerciales, artísticas, literarias. La cultura circundante influyó profundamente en Israel, lo cual fue una bendición mezclada de maldición; con la cultura penetra el sincretismo religioso y la nación se enreda en las alianzas políticas. Algunos israelitas ocupan puestos importantes en cortes extranjeras: José, en Egipto; Nehemías, en Persia; la ficción recoge el tema: Tobías, Mardoqueo, Daniel. En la era escatológica una escuela predice la sumisión de todas las naciones al Señor y su ley (Is 66,18-20); acudirán al templo (Is 2,2-5; Zac 14,16s; Sal 102,23). Otra escuela más audaz anuncia una incorporación plena (Is 19,16-25; Sal 87).