En el paraíso personifica el poder adverso a Dios que tienta al hombre con astucia y engaño (Gn 3): la imagen parece tomada de representaciones mitológicas de la serpiente como poder cósmico rebelde; de ello quedan huellas en el AT: Is 51,9; Sal 136,13. Baja al fondo del mar (Am 9,3) y hiere en el desierto (Dt 8,15). El Señor la hiere y destroza (Job 26,13). En la era escatológica será aniquilada (Is 27,1) o se hará mansa y jugará con el niño (Is 11,8). Los malvados participan de su naturaleza: el imperio agresor (Is 14,29), los jefes depravados (Sal 58,5s; Sal 140,4). La serpiente de bronce era signo salvador, por la vista (Nm 21) o por la fe (Sab 16,5-7); pero no debía ser venerada (2Re 18,4).