Es uno de los signos teofánicos, que muestra y encubre la presencia de Dios: Ex 13,21; Jue 5,4; se ve en el Sinaí (Ex 19,16ss) y en el templo (1Re 8,10), donde la recrea el incienso (Lv 16,13). Poéticamente, es la carroza o la tienda del Señor (Sal 18,10.12).