En los seres fecundos lo primero es lo mejor; la fecundidad es bendición de Dios, y el don se reconoce ofreciendo a Dios las primicias. Hay una fiesta de ofrenda de primicias (Dt 26). Entre animales, el primer parto pertenece a Dios, y en algunos casos puede ser redimido (Ex 22,29). También pertenecen a Dios los primogénitos humanos: pero no han de ser sacrificados, sino ofrecidos (1Sm 1,24) o redimidos (Ex 34,19-20); la tribu de Leví es el rescate de los demás primogénitos (Nm 3,40-51). En sentido metafórico, Israel es el pueblo primogénito de Dios (Ex 4,22).