En su relación con el hombre manifiesta su carácter polar: calienta la casa, prepara los alimentos, sirve al trabajo; es incendio, sequía, insolación; el fuego del cielo es el rayo (Eclo 39,26ss). Se emplea en el culto legítimo (Lv) y en el prohibido (Jr 32,35). Por su riqueza de funciones, el fuego suministra varios símbolos religiosos. Puede ser parte de la teofanía (Sinaí; Sal 50,3; Sal 97,3); simboliza una de las amenazas fundamentales a la vida (Is 43,2); la ira de Dios; y también la ejecución del castigo definitivo, sea de Sodoma (Gn 19; Dt 29,22-23; Sab 10,6) o de Jerusalén (Ez 10). Por la acción de Dios, el fuego puede trasmutar sus funciones: Sab 16,15-29; Sab 19,20-21). ↗Agua.