El ayuno expresa y corrobora el pesar y dolor; por la culpa, por una desgracia. Es parte del luto o duelo, puede acompañar la penitencia o subrayar la súplica a Dios. Puede ser individual o colectivo; en el segundo caso puede tener carácter litúrgico. El único ayuno prescrito es el del día de la expiación (Lv 16). El hombre "se aflige" excitando la compasión de Dios.