El término hebreo (y su traducción griega) significan mensajero; Dios puede tomar como mensajeros los vientos (Sal 104,4), el rey puede aparecer como mensajero de Dios (2Sm 14,17); puede confundirse con un profeta (Jue 13,6). En sentido técnico, "el ángel del Señor" aparece unas veces simplemente como la manifestación del Señor, otras como ser intermedio. En un contexto se puede decir que el Señor habla y que su ángel se aparece; así se evita decir que Dios mismo se aparece (cfr. Jue 6,12ss). Domina la función de mensajero, pero también puede ejecutar órdenes (por ejemplo, 2Re 19,35); es protector (Sal 91) o vengador (2Sm 24). El AT habla, además, de una categoría de seres sobrehumanos, de algún modo pertenecientes a la esfera divina, que nosotros llamaríamos ángeles. Se llaman "hijos de Dios" (= seres divinos) o "santos de Dios"; forman su corte (2Re 22; Job 1) y su ejército (Jos 5,14) o su campamento (Gn 32,1-2); también desempeñan funciones litúrgicas, sea mediando (Gn 28), sea invitados a la alabanza (Sal 103,20; Sal 148,2). Querubines y serafines son seres sobrehumanos, en figura de animales polimorfos, al servicio de Dios en su morada, sea el paraíso (Gn 3,24), sea el cielo (Sal 18,11), sea el templo (2Re 6), sea sustentando su trono (Sal 99,1); véanse también Ez 1 y Ez 10 e Is 6. El AT nunca llama ángeles a estos seres. Textos posteriores introducen ángeles con nombre personal: Gabriel (Dn 8-9), Rafael (Tob), Miguel (Dn 10).