Aparece en su aspecto positivo y negativo. Es positivo como tarea del hombre sobre la ↗creación que debe someter; incluso el paraíso tenía que cultivarlo (Gn 2,15). Dios quiere un hombre activo. Es negativo el esfuerzo que supone, el sudor de la frente (Gn 3) y también la explotación del hombre en trabajos forzados, como hacía el Faraón en Egipto (Ex 1; Ex 5) o Salomón en Israel (1Re 12). Positivo es el trabajo cuando produce frutos que el trabajador disfruta (bendiciones); negativo, cuando no produce frutos o cuando otro disfruta de ellos (maldiciones). La escatología dice que se acabará esa maldición (Is 62,8-9). Porque es valor positivo, los sapienciales lo recomiendan contra la pereza (Prov 26,13-16; Prov 24,30-34); pero otro sapiencial, Eclesiastés, se rebela contra el trabajo excesivo que impide disfrutar de la vida. El decálogo sintetiza trabajo y descanso en el ciclo semanal. La fiesta de las primicias (Dt 26) conmemora el fruto del don de Dios y del trabajo del hombre. También Dios trabaja: en la creación (Gn 1) y en su acción constante; no se cansa y da fuerzas al cansado (Is 40,27-31). En otras religiones, el hombre trabaja para que los dioses descansen; en Israel, Dios trabaja incluso cuando el hombre descansa (Sal 127), y hace partícipe de su descanso (Ex 20,11; Sal 94).