Como experiencia humana radical, física y ética, la bina atraviesa todo el AT. En sentido polar, indica la comprensión, el conocimiento total (Gn 3). Como distinción o discernimiento se sitúa en los sentidos, especialmente en el gusto (2Sm 19,35); también en el juicio intelectual y moral (tema frecuente de los sapienciales), cuya sede metafórica son los ojos ("bueno / malo a los ojos de N"). Se opone al recto discernimiento la confusión e inversión de valores (Is 5,20). Al juicio sigue la elección de la libertad (↗liberación) entre el bien y et mal (Is 5,20; Is 7,16; Dt 30,1.15-16); y a la elección pueden seguir las consecuencias de bien o mal, premio o castigo, bendición o maldición, sea en una especie de dialéctica inmanente, sea por disposición de Dios. ↗Retribución. Bien y mal caen bajo el dominio de Dios, no hay dos principios creadores opuestos (Is 45,7); Dios puede sacar bien del mal y hacer que el bien triunfe (Gn 50,20; Introducción a Gn).