La historia de salvación es dramática porque está llena o envuelta en antagonismos y hostilidades. La hostilidad radical arranca del paraíso (Gn 3,15). El pueblo de Israel se siente expuesto a la hostilidad de los pueblos vecinos y de los imperios que se turnan; también siente la hostilidad dentro, entre las tribus (Jue 20), entre los dos reinos (Re), entre diversos grupos (Mac). El individuo se siente muchas veces amenazado y destrozado por enemigos internos. Es un tema frecuente de los salmos. El enemigo se describe con imágenes cósmicas (Is 8; Sal 124,4-5) y sobre todo, de fieras (Sal 22,13ss).