El Señor es el Dios del perdón (Ex 34,7; Sal 99,8; Sal 103,3), que perdona los pecados (↗pecado) por su nombre y fama, por su bondad y misericordia, por algún antepasado ilustre (Abrahán, David), por un grupo de justos en una colectividad (Gn 18; Jr 51). De ordinario el hombre pide perdón reconociendo su culpa, apelando a la misericordia de Dios, proponiendo la enmienda (Sal 50-51); sin esas condiciones Dios no perdona (Jr 5,7.9.29); hay ocasiones en que Dios ya no perdona (1Sm 15; Ex 32; Nm 16). El perdón se expresa con términos propios (ns, slh) y con diversas metáforas: borrar como una cuenta (Is 43,25), disipar como niebla (Is 44,22), arrojar al fondo del mar (Miq 7,19), cubrir o sepultar (Sal 32,1; Sal 85,3), olvidar (Is 64,8; Ez 18,22). El perdón será uno de los dones escatológicos (Jr 31,34).