El texto masorético trae שְׁאָל (Seal), y la mayor parte de las versiones castellanas siguen esta lectura, con las formas Seal o Saal. Sin embargo, la opción de BJ, Yisal —que en hebreo sólo supone añadir una י (yod) al comienzo de la palabra—, no es gratuita. Lo cierto es que ni Seal ni Yisal son nombres habituales, pero un sello hebreo hallado en Jerusalén en la década de 1960, cuya inscripción se interpreta «[perteneciente] a Haggí, hijo de Yisal», demuestra al menos que Yisal existía como nombre propio.
La tradición manuscrita de la LXX es vacilante: presenta transcripciones tanto con I inicial como con S inicial. La existencia de esas variantes, unida al hallazgo de un testimonio onomástico independiente, hace bastante plausible que en el texto hebreo se haya perdido una yod inicial, antes que suponer que los copistas griegos la añadieron sin fundamento.